lunes, 25 de mayo de 2009

Para leer un periódico

Los diarios son material de lectura perecedero. Un día después de su publicación, los textos contenidos en un periódico ya no satisfacen al lector. Nadie que se respete lee con gusto un periódico de hace tres o cinco días. A excepción de los historiadores, quienes tienes una fijación morbosa por publicaciones amarillentas a las que suelen llamar “fuentes históricas”. Gracias retazos de viejas publicaciones (apenas legibles), los historiadores consiguen escribir sus propios libros. Es decir, el historiador tiene la noble tarea de reciclar. Pero ese es otro asunto.

Para un lector común de periódicos, las notas periodísticas perecen al momento de terminar su lectura. Y las páginas noticiosas, después de dos días, sólo pueden servir para envolver manojos de cilantro o limpiar las monadas de nuestras mascotas. Así de ingrato es el breve ciclo de un periódico. Y en tiempo de campañas políticas este ciclo es todavía más volátil. La declaración de un candidato cualquiera, publicada apenas en la mañana, por la noche ya es letra muerta. Entre otras cosas porque las campañas se conciben como una guerra mediática, librada a velocidad de escupitajos. No obstante, los lectores de periódicos todavía no aprendemos a divertirnos con estas guerras electoreras y floridas.

Tan fácil que es soltar la carcajada al leer declaraciones ridículas en primera plana como la siguiente: “Ofrezco el mejor gobierno del país”. O sonreír ante posturas necias: “Colima tiene los primeros niveles en seguridad”. De igual, enternecerse ante la imbecilidad de un político o funcionario: “Los casos de influenza en Colima son una farsa”. Incluso experimentar pena ajena al leer a algunos columnistas empeñados en defender lo indefendible.

Como sea, en los contenidos periodísticos hay orgías de sentimientos, emociones y diversión a costillas de otros. Lamentablemente se extinguen a las primeras de cambio. Ni modo. Y no reconforta saber que, dentro de veinte o cincuenta años, los historiadores reciclarán estas páginas para escribir libros con títulos aburridos. En tanto, se debe reconocer que no a todos los lectores les agrada el contenido de ciertos periódicos, porque los considera tendenciosos, oficialistas o convenencieros. Por lo mismo, quienes compran de vez en cuando un periódico prefieren no leer las páginas editoriales, por temor a toparse con la lectura de artículos sobre política cuyos autores se exhiben como cretinos. En Colima, cualquier mono se siente analista político; incluso los dueños y directivos de los propios diarios, quienes se atreven, sin ningún recato, a poner por escrito su proverbial estupidez. Recuerdan eso de: “Silverio: yo no te pedía que me llamaras en las mañanas, tú quisiste llamarme, a pesar de que te dije que a esa hora tomo mi clase de pilates, tontuelo”.

Y aquí es el momento de decir que una encuestadora estatal (la mía), hizo un estudio sobre la credibilidad que en estos momentos tienen los columnistas y articulistas locales. Según esta encuesta, el 98 % de los lectores consideran panfletarios y/o lamesuelas a quienes se dicen comentaristas políticos. El 2 % restante no sabe o no contestó. Si esto sigue así, los periódicos dejarán de ser material de lectura disfrutable y confiable. Es posible que, en adelante, la gente compre los diarios sólo para envolver aguacates.

Ante tal situación, se me ocurre que para evitar leer a comentaristas malintencionados, los lectores deberían brincarse las páginas editoriales y seguirse derecho hasta llegar a la sección de anuncios clasificados. Por lo menos ahí no hay textos tendenciosos. Ahora bien, otra recomendación es dejar de lado el periódico y perder el tiempo de una manera más provechosa: jugar al balero, por ejemplo. Así, al momento de llegar a la sección de los columnistas, los lectores podrían dedicar diez minutos a este juego (tiempo en que uno se tarda leyendo esa sección), y posteriormente retomar su lectura páginas adelante.
Es de suma importancia pues, que en los puestos de periódicos también se vendan baleros.

Milenio-Colima. Mayo 24, 2009.

lunes, 18 de mayo de 2009

Le renuncia al partido y a la campaña

Un malentendido con el Rector Miguel Ángel Aguayo y con el entrevistador René González, así como un desencuentro con el secretario de Cultura, Rubén Pérezanguiano, terminarion por convencer al coordinador de campaña que, con Mario Anguiano, nadie gana... Aquí la historia:
Sr. Director: solicito a usted publicar esta carta en el Buzón del Lector de su prestigiado diario.
A la opinión pública:
Al CDE del Pri:
A mis compañeros militantes:
Por este medio presento mi renuncia pública al cargo de Coordinador de Campaña de la Región 4, así como a la militancia del partido. Las razones de esta dimisión son ya de sobra conocidas por el gobernador Silverio Cavazos, por la dirigente estatal Itzel Ríos y por el candidato Mario Anguiano. No obstante, dado mi convicción personal de dar la cara y responsabilizarme de mis actos y errores, me permito expresar y dar a conocer los detalles de esta penosa situación:

Uno: En una reunión, celebrada en la propia casa de mi ex gran amigo, el rector Miguel Ángel Aguayo (por cierto: ¿sabían ustedes que el rector hace unos chilaquiles especiales para la resaca? Se los recomiendo), me confesó sus temores de que al PRI se le escapara la gubernatura de Colima debido, me subrayó Miguel Ángel Aguayo, “a la pobreza moral del candidato”. Comentario al que yo, entero y cabal como soy, contesté alzando la voz: “Pues tú tampoco vendes piñas, rector”. Esa fue la primera vez, de muchas, que perdí la amistad de alguien por cuidarle la espalda a Mario. A la fecha, el rector Miguel Ángel no me dirige la palabra y mucho menos me invita a desayunar chilaquiles. Primer motivo de mi renuncia: el candidato me ha hecho perder amigos.

Dos. En una ocasión en que departía amigablemente con el entrevistador René González, se me ocurrió contarle cómo defendí a Mario de los comentarios de mala fe emitidos por personas como el mismo rector. Al terminar de narrarle el episodio de la moral y las piñas, el entrevistador arrojó al piso una botella de güisqui y espetó: “Lo sabía: sabía que Miguel Ángel es un traidor, y de seguro también tú lo eres”. A lo que yo, con la serenidad que siempre me ha caracterizado, le contesté: “Mire señor entrevistador: le suplico a usted que no me insulte, no porque esté envalentonado por el alcohol se quiera pasar de listo”. Y nos hicimos de palabras y la mecha se prendió: El entrevistador nunca supo de de dónde, pero una pistola saqué. Y fue entonces cuando salió corriendo, el muy cobarde. Desde entonces, el entrevistador René González me ha amenazado varias veces, diciendo que publicará una entrevista consigo mismo en la que acabará con mi carrera política. Segundo motivo: el candidato me ha hecho perder entrevistas y ganar enemistades.

Tres: Hace unas semanas, en una charla con el secretario de Cultura, Rubén Perezanguiano, el funcionario me confesó que estaba escribiendo la biografía de Mario Anguiano, para publicarla y regalarla en los cruceros viales. Le dije que me parecía una buena idea, pero le observé que debía tener mucho cuidado y no revelar ciertos episodios de la vida del candidato, ya que podrían ser perjudiciales para su imagen electoral. Pero Perezanguiano me contestó, de forma altanera, lo siguiente: “¿Y tú qué sabes de hacer libros? ¿Cómo te atreves a hacerme recomendaciones, a mí que soy un experto en antologías y que, además, pago de mi propia bolsa las bonitas ediciones?”. A lo que yo, muerto de risa, le contesté: “Aaah cómo te gusta hacerte (y aquí dije una palabra que empieza con pe y termina con jo), ni que no te conociéramos”. Desde entonces, el secretario Perezanguiano ha corrido la voz de que soy un inculto y que jamás me va a regalar sus libros. Tercer motivo: por cuidar la imagen de Mario fui vetado de su biografía, y Perezanguiano me sigue tachando de inculto sólo porque dije que sus antologías están bien piñatas.

Son pues estos tres motivos por los que estoy renunciando al partido y a las tareas de campaña que muy gustosamente realizaba. Y basta referirlas para darse cuenta que la candidatura de Mario Anguiano no trae nada bueno a nadie. Digo entonces que la dignidad de un hombre está por encima de partidos y candidaturas. A los ciudadanos colimenses, sólo me queda asegurarles que desde otros espacios seguiré sirviendo a mi estado y a mi país./ Atentamente:/ Su seguro servidor: el Ex Coordinador de Campaña de la Región 4.
Milenio-Colima 17 de mayo del 2009

lunes, 11 de mayo de 2009

El milagro

Las cosas más notables suceden en la colonia donde vivo. Desde hace apenas tres meses, y en un radio de diez cuadras, la policía ha encontrado varios cuerpos decapitados, detectó casas de seguridad utilizadas por secuestradores incompetentes a quienes se les escapaban los secuestrados y cateó, en un operativo aparatoso, modestas viviendas donde, según dieron a conocer los medios locales, se realizaban extraños rituales con sacrificios de chivos que terminaban guisados en birria.

Conviene recordar también la extraña aparición de un santo en la casa de una familia, a media cuadra de mi domicilio. Hecho que, según los habitantes de por aquí, marcó la reputación de nuestra colonia. Sucedió así: una mañana de domingo, mientras la señora de la casa preparaba jotkeis para el desayuno, la abuela cayó de rodillas ante su plato y empezó a gritar: “¡Milagro!”, “¡Milagro!”. La abuela había descubierto, en la superficie humeante de uno de sus jotkeis, la silueta de quien, aseguraba, era el mismísimo San Judas Tadeo. Todavía no pasaba ni una hora, cuando un centenar de personas se apostaron a la puerta del domicilio, demandando ver y tocar la milagrosa aparición. Toda la mañana y tarde de ese día, los vecinos de la colonia desfilaron para constatar que sí, que en efecto, era San Judas quien se había aparecido en el desayuno de la abuela. En medio de los rezos alguien bautizó a la aparición como El Santo Kekis. Sin duda las cosas hubieran avanzando hasta desencadenar en la construcción de una iglesia en honor al santo kekis. Por desgracia todo acabo esa misma noche, cuando el dueño de la casa, en un arranque de ateísmo y hambre, tomó el kekis del altar donde lo habían puesto y se lo zampó de un bocado. Al ver tal acción, las señoras se lanzaron en contra del sacrílego y lo ataron de pies y manos, en tanto llamaban al sacerdote para que le hiciera un exorcismo. De cualquier modo, el daño ya estaba hecho.

Muchos coinciden en que, a partir de entonces y a causa del sacrilegio cometido en perjuicio del santo kekis, en la colonia empezaron a suceder cosas terribles. Por eso a nadie sorprendió que después de los decapitados, secuestradores y ritos satánicos, la epidemia de la influenza llegara a la colonia, por vía directa y sin escalas. La primera persona infectada en el Estado vive a dos cuadras. Desde que se dio a conocer el hecho, la calle de la paciente cero se convirtió en el ombligo de la colonia, quizá de la ciudad. No pasa día de la semana en que no se hable y comente, ya sea en los cafetines o en las pláticas de banqueta, de que esta colonia está llena de borra. Por su fuera poco, en la última semana los casos de dengue se han incrementado notablemente por estos rumbos, a pesar de que las brigadas de salud siguen fumigando.
Como pintan las cosas, y ya inmersos en ese ánimo fatalista, no se duda que el primer huracán de la temporada entre por la playa de nuestra colonia. Si el año pasado poco faltó para inundamos, es probable que este año el agua nos llegue esta el cuello. A estas alturas, si el carpintero de la colonia viniera a decirnos que tuvo un sueño en el que dios le ordenaba hacer un arca, lo mejor será creerle y ayudarle a juntar madera.

Pero mientras ese día llega, todos los domingos por la mañana las calles de la colonia se inundan con el peculiar aroma de jotkeis recién hechos, y en el interior de las casas se guarda un intencional silencio, esperando que de algún lado provenga el anuncio, a gritos, de otro milagro.



Única foto existente del Santo Kekis

lunes, 4 de mayo de 2009

Diario de la peste

Viernes: Hace un par de días el gobierno federal anunció el brote de influenza porcina: ¡Epidemia!, gritaron todos los medios de comunicación. Suspendieron clases en el centro del país. En Colima, nuestro desorientado gobernador salió a declarar que en este pueblo no hay influenza y que, para mayor tranquilidad de todos, buscaría “una certificación” que nos avalara como estado libre de peste. Alguno columnistas tacharon al gobernador de nango, otros de imbécil.

Sábado: A las playas de Manzanillo llegaron decenas de camiones cargados de turistas provenientes del centro del país. Playas muy concurridas. Contemplo la siguiente escena: Un bañista, con tapabocas y cerveza en cada mano, posa para una foto mientras grita (con notable acento chilango): “salucita de la buena”; sus amigos celebran la gracejada con risas escandalosas.

Domingo: Fuimos el centro comercial. Todos los empleados de la tienda departamental usaban tapabocas. Entre los pasillos de los establecimientos deambulaba una señora gorda que cargaba, entre los brazos, un perro chihuahueño; el perro traía puesto un tapabocas (que en su caso era tapahocicos), la gorda no.

Lunes: Recibo correos electrónicos de nuestros familiares radicados en Los Ángeles. Nos ofrecen ayuda humanitaria debido a que, según se enteraron, todos estamos enfermos de gripa porcina. Me ofendo. Contesto sus correos con palabrotas y les digo que tiene una percepción distorsionada de lo que está pasando en México; de todos modos les mandé mi número de cuenta bancaria.

Martes: El gobierno estatal emite comunicados para informar que Colima sigue sin registrar ningún caso de influenza. Se anuncia que el gobernador se pondrá un tapabocas y que, en delante, el único autorizado para hablar sobre la situación será el secretario estatal de Salud. Algunos columnistas opinan que también el secretario es medio nango, que está demostrado que es un mentiroso y que ya ni modo, que a ver cómo nos va. Los candidatos, por su parte, anuncian que suspenderán actos de campaña.

Miércoles: A mi correo electrónico llegan muchos mensajes en cadena, explicando y demostrando que la gripa porcina no existe, que es una vil treta del Fondo Monetario Internacional, de la CIA y las transnacionales farmacéuticas. Otros mensajes dejan asentado que es una pantalla para evadir los verdaderos temas de la agenda política nacional. Observan el hecho “sospechoso” de que la peste se haya desatado luego de la visita de Obama a México y de la reunión que sostuviera a puerta cerrada con Calderón. Pura paranoia porcina. Por la tarde, la OMS eleva a fase 5 la alerta epidemiológica.

Jueves: En la oficina donde trabajo se declara la fase 6 por anticipado y nos mandan a nuestras casas para prevenir contagios de paranoia y flojera. Compungidos y contrariados, todos los compañeros nos vamos al Bar Social a solidarizarnos con otros tantos oficinistas que también corrieron la misma suerte. Por la noche, en el noticiero de televisión abierta se transmiten imágenes de un grupo de diputados atragantándose, como cerdos, con chicharrones y carnitas. El presentador de noticias dijo que era para demostrar que los cerdos no eran culpables de la peste. Pero de que eran cerdos, eran. Ni dudarlo.

Viernes: El virus mutó de nombre y dejó de llamarse influenza porcina; ahora se llama influenza humana. Se confirman tres casos en Colima y el dueño de una farmacia local declara a un reportero que se le acabaron los tapabocas y los antigripales. Por la noche se registran compras de pánico en los centros comerciales locales. Algunos restaurantes cerraron, pero las taquerías y cenadurías de la colonia están a reventar. Hago un recorrido para constatar que es imposible conseguir tacos de adobada, pozole o tostadas de trompa.

Sábado: Mañana aburrida y larga. Para quitarnos el tedio decidimos salir al centro comercial a hacer nuestras propias compras de pánico. En la tienda nos topamos con dos conocidos que siempre nos han parecido detestables, traían tapabocas. Nomás para echarles a peder el día insistí en saludarlos de mano y abrazo. Ellos se apartaron, horrorizados, y escaparon por el pasillo de los enlatados. Mientras se alejaban a toda prisa, alcancé a gritarles: ¡podrán corren, pero no esconderse! Confiamos en que, después de esto, nos retiren la palabra…

Milenio-Colima; 3 de mayo del año de la peste.