4.5.09

Diario de la peste

Viernes: Hace un par de días el gobierno federal anunció el brote de influenza porcina: ¡Epidemia!, gritaron todos los medios de comunicación. Suspendieron clases en el centro del país. En Colima, nuestro desorientado gobernador salió a declarar que en este pueblo no hay influenza y que, para mayor tranquilidad de todos, buscaría “una certificación” que nos avalara como estado libre de peste. Alguno columnistas tacharon al gobernador de nango, otros de imbécil.

Sábado: A las playas de Manzanillo llegaron decenas de camiones cargados de turistas provenientes del centro del país. Playas muy concurridas. Contemplo la siguiente escena: Un bañista, con tapabocas y cerveza en cada mano, posa para una foto mientras grita (con notable acento chilango): “salucita de la buena”; sus amigos celebran la gracejada con risas escandalosas.

Domingo: Fuimos el centro comercial. Todos los empleados de la tienda departamental usaban tapabocas. Entre los pasillos de los establecimientos deambulaba una señora gorda que cargaba, entre los brazos, un perro chihuahueño; el perro traía puesto un tapabocas (que en su caso era tapahocicos), la gorda no.

Lunes: Recibo correos electrónicos de nuestros familiares radicados en Los Ángeles. Nos ofrecen ayuda humanitaria debido a que, según se enteraron, todos estamos enfermos de gripa porcina. Me ofendo. Contesto sus correos con palabrotas y les digo que tiene una percepción distorsionada de lo que está pasando en México; de todos modos les mandé mi número de cuenta bancaria.

Martes: El gobierno estatal emite comunicados para informar que Colima sigue sin registrar ningún caso de influenza. Se anuncia que el gobernador se pondrá un tapabocas y que, en delante, el único autorizado para hablar sobre la situación será el secretario estatal de Salud. Algunos columnistas opinan que también el secretario es medio nango, que está demostrado que es un mentiroso y que ya ni modo, que a ver cómo nos va. Los candidatos, por su parte, anuncian que suspenderán actos de campaña.

Miércoles: A mi correo electrónico llegan muchos mensajes en cadena, explicando y demostrando que la gripa porcina no existe, que es una vil treta del Fondo Monetario Internacional, de la CIA y las transnacionales farmacéuticas. Otros mensajes dejan asentado que es una pantalla para evadir los verdaderos temas de la agenda política nacional. Observan el hecho “sospechoso” de que la peste se haya desatado luego de la visita de Obama a México y de la reunión que sostuviera a puerta cerrada con Calderón. Pura paranoia porcina. Por la tarde, la OMS eleva a fase 5 la alerta epidemiológica.

Jueves: En la oficina donde trabajo se declara la fase 6 por anticipado y nos mandan a nuestras casas para prevenir contagios de paranoia y flojera. Compungidos y contrariados, todos los compañeros nos vamos al Bar Social a solidarizarnos con otros tantos oficinistas que también corrieron la misma suerte. Por la noche, en el noticiero de televisión abierta se transmiten imágenes de un grupo de diputados atragantándose, como cerdos, con chicharrones y carnitas. El presentador de noticias dijo que era para demostrar que los cerdos no eran culpables de la peste. Pero de que eran cerdos, eran. Ni dudarlo.

Viernes: El virus mutó de nombre y dejó de llamarse influenza porcina; ahora se llama influenza humana. Se confirman tres casos en Colima y el dueño de una farmacia local declara a un reportero que se le acabaron los tapabocas y los antigripales. Por la noche se registran compras de pánico en los centros comerciales locales. Algunos restaurantes cerraron, pero las taquerías y cenadurías de la colonia están a reventar. Hago un recorrido para constatar que es imposible conseguir tacos de adobada, pozole o tostadas de trompa.

Sábado: Mañana aburrida y larga. Para quitarnos el tedio decidimos salir al centro comercial a hacer nuestras propias compras de pánico. En la tienda nos topamos con dos conocidos que siempre nos han parecido detestables, traían tapabocas. Nomás para echarles a peder el día insistí en saludarlos de mano y abrazo. Ellos se apartaron, horrorizados, y escaparon por el pasillo de los enlatados. Mientras se alejaban a toda prisa, alcancé a gritarles: ¡podrán corren, pero no esconderse! Confiamos en que, después de esto, nos retiren la palabra…

Milenio-Colima; 3 de mayo del año de la peste.

1 comentario:

  1. "Algunos columnistas opinan que también el secretario es medio nango, que está demostrado que es un mentiroso y que ya ni modo, que a ver cómo nos va".
    Otras pensamos que no es medio nango, es un pendejo, no hay hora ni día que no diga y haga una pendejada. A este sujeto, improvisado como Secretario de Salud (¡qué vergüenza!) que va dando traspiés, además de mentiroso y pendejo reconocido, las mujeres le apodamos el "bocaguá" por hocicón y boquiflojo, irrespetuoso y rependejo, el peor funcionario público de esta administración, no se nos olvida lo que dijo aquí en Manzanillo (pa acabarla de chingar, tenía que ser aquí) de las "putas tapadas", olvidándosele al muy pendejo que su esposa es mujer como nosotras, que su hermana, la contralora estatal (que nunca de los nuncas auditaría a su propio hermano y refundiría en el bote) también es mujer y que esas mujeres son trabajadoras del gobierno, luego entonces también son "putas tapadas". La dizque disculpa pública que dio por haber dicho esta pendejada (obvio, salida de la boca de un pendejo) solo confirmó lo que se le reconoce públicamente y en privado también, que es un pendejo. Sus malabarismos verbales de nada le sirvieron, el daño estaba hecho, la declaración dio la vuelta al mundo porque llamó la atención que en estos tiempos de igualdad de género, un dizque "hombre" y además funcionario público (y de pito chiquito seguramente) dijera semejante pendejada (nada raro, saliendo de la boca de un pendejo).
    José Salazar Rapiña, un ignorante en temas de salud pública porque solo es un modesto médico general, fue un mal estudiante de medicina, lo recuerdan sus compañeros como fotógrafo, maestro de ceremonias, locutor, polivalente pues, pero nadie como sobresaliente en la escuela, un pinche burro que nunca debió ser nombrado Secretario de Salud por pendejo, y pensar que una vez declaró a los medios "estar listo para gobernar", abrase visto tipo más pendejo, pendejo, pendejo y bocón, pito chiquito.
    Pregunta ¿cómo se llama el estilo de peinarse del bocaguá?
    ¿Con qué dentista se arregló los dientes frontales un funcionario de primer nivel como él?
    ¿Por qué insistió en sentirse listo para gobernar"
    ¿Por qué después de dar su declaración pendeja de las "putas tapadas" el PRI ni se atrevió a mencionarlo para algún cargo de elección popular?
    Mande sus respuestas a este blog, muchas gracias.
    A t t e .
    Mariana Solís y Enriqueta Nava
    Putas destapadas, pinche bocaguá pito chiquito.

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