martes, 17 de marzo de 2009

El encargado del despacho

¿En qué momento las campañas políticas se convirtieron en voraces hoyos negros que se tragan todo? Todavía no arrancan oficialmente las campañas políticas, pero el tiempo y el espacio gubernamental ya están sujetos a lo que pase, o deje de pasar, con los precandidatos o aspirantes a cargos de algo. En las dependencias estatales, por ejemplo, los funcionarios y empleados públicos han parado todo para hacer sus quinielas políticas. Y si uno va a solicitar una audiencia con el gobernador le dirán que el gobernante no atenderá a los ciudadanos, hasta nuevo aviso. ¿Por qué? Seguramente porque está muy ocupado mordiéndose las uñas de la pura desesperación.

De igual, si un ciudadano cualquiera acude a hacer algún trámite en las oficinas de la secretaría de la Juventud, o de Cultura, muy probablemente le dirán que, para dar seguimiento a tal trámite se necesita la firma secretario, pero debido a su depresión pre-electoral, no firmará ningún documento. Le dirán incluso que todos los asuntos los está atendiendo un encargado, porque el secretario ya meró se va a la campaña. ¿A la de quién? Vaya usted a saber.

En ciertos niveles y casos, los titulares de un puesto público ya dejaron en suspenso sus responsabilidades, nombraron un encomendado, y se fueron impunemente a buscar una candidatura. A partir de aquí, y hasta tener el reacomodo de gobernantes o legisladores, es decir, una vez pasada la calentura electoral, estaremos a merced de los suplentes y los encargados de despacho. Cosa que no está mal, pero tampoco peor. De cualquier manera, los suplentes y encargados de despacho son una clase gobernante emergente, imprescindible en tiempos electorales; aunque no sirven para gran cosa y pueden ser igual, o más incompetentes, que quienes habrán de suplir.

Para ejemplificar a los gobernantes emergentes referiré al encargado del despacho de la presidencia municipal de Colima, el Lic. Julio César Marín Velásquez Cottier. Y ojo: no estoy diciendo que este sea un claro ejemplo de incompetencia. Por el contrario, es un ejemplo un tanto oscuro. Pero, aunque suene poco creíble, el Lic. Cottier es uno de los mejores gobernantes emergentes que he conocido: Ni siquiera hace ruido al caminar. Por otro lado, los habitantes del municipio de Colima deben sentirse afortunado de ser gobernados por un encargado de despacho presidencial que posee amplia experiencia en cuidar changarros. Es decir, no es la primea vez que el Lic. Cottier atiende, en calidad de mientras, el despacho de un alcalde:
Hace seis años, el entonces presidente municipal de Manzanillo, Rogelio Rueda, también le dejó encargado el changarro al Lic. Cottier, mientras aquél se iba a buscar un mejor hueso. A la sazón, el Lic. Cottier fue Secretario del Ayuntamiento en la administración municipal de Rogelio Rueda. En política, la historia se repite. Es un rehilete. Un puro rehilete.

Y pues nada, que el Lic. Julio César Marín Velázquez Cottier también gobernó Manzanillo por encargo. Y eso es algo que a los manzanillenses siempre nos llenará de orgullo. Al respecto, don Miguel de la Mora, un extinto columnista porteño, llegó a escribir, con total oportunidad, que el encargado del despacho del alcalde era un nango: “el Lic. Cottier ni siquiera conoce Manzanillo, se pierde hasta en la calle México”, apuntó el muy estimado don Miguel de la Mora. Fue un comentario muy gracioso, porque era cierto.

Pero perderse en la única calle céntrica de Manzanillo no es un buen parámetro para juzgar a un gobernante por encargo. Quizás, lo que ayuda a definir las capacidades reales de un gobernante emergente es ese halo misterioso que los rodea (nadie sabe a ciencia cierta quiénes son o de dónde vienen). Y esa bruma de enigmas impide distinguir y juzgar si son muy listos o muy tontos. Pero, como un solitario reconocimiento a todos los licenciados Cottier que habrán de quedarse a cuidar el changarro de otros durante esta campaña, resaltaré públicamente que el encargado del despacho de Mario Anguiano tiene, al menos, un excelente sentido del humor.
Y eso, a pesar de que los manzanillenses lo recordamos como un nango propenso al extravío callejero.

Milenio Colima 15 de Marzo