martes, 22 de diciembre de 2009

Todo irá bien, todo irá mal.

Qué día.
Qué día tan soleado y friolento nos ha tocado en Manzanillo. En las calles la gente va y viene, intentando un discreto saludo a los demás. Seguro pasarán cosas buenas, porque el día llegó con raudales de luz, con el sonido de una estampida de caballos que se desbocan, con un tímido frío invernal.

Desde el lugar en el que escribo no es ni medio día, pero el orden del mundo parece ir más allá de las dos de la tarde. Será acaso por la media tonelada de efredrina que se incautó en el puerto. Todos los periódicos hablan de droga y cárteles. O de la niña que ganó un concurso de canto. O de los matrimonios entre personas del mismo sexo. O del despido de trabajadores. O de la ineptitud del alcalde. Y supongo que todas estas noticias son dignas de pláticas de sobremesa en los cafés: Por si no lo sabe, en las mesas de los cafetines hay grupos de políticos achacosos, calvos y de estómagos prominentes, que pasan las tardes hablando de todas estas cosas.

Pero mientras el día sigue su curso yo busco en los periódicos alguna noticia o un artículo sobre cómo le sienta a usted la tranquilidad de estos día. Quizá una nota explicando que amaneció de buen humor o ha reído mucho; que ayer se encontró con un amigo no visto desde hace años; que por fin fue a ver aquella película de la que tanto le hablaron o que alguien, en la calle, lo saludó desde lejos pero con notable alegría. Busco, de titular en titular, las razones que tiene usted para llegar temprano y de buenas al trabajo; la causa por la que pasó toda la mañana tarareando una canción; el motivo por el que hoy se ha puesto su blusa preferida.

¿Dónde habrán puesto los reporteros esa noticia? En qué página del periódico leeré que usted fue a bañarse al mar y se sorprendió de que el agua estuviera tan fría. Algo debe decir el periódico del atardecer que ayer contempló mientras sorbía una taza de café. Algo debe.

Qué difícil dedicar este buen día a buscar noticias suyas. He saltado los obituarios y las felicitaciones de media plana, he pasado de largo las crónicas sobre las catástrofes en países que no conozco; deseché, por reiterativas, las columnas que hablan de políticos; disimulé al ver la fotografía de un cadáver. Es decir, todo lo cotidiano sigue ahí: la muerte, la guerra, nuestra rabiosa y humana imbecilidad. Todo está bien y todo está mal, dijera Neruda. Pero ¿qué hay de usted? Verá: hoy tan sólo me dedico a saber y entender cosas de usted. Este es mi trabajo el día de hoy, lo hago con gusto, para tener algo qué decirle (qué escribirle), por lo menos un día a la semana. Para que usted se lea: leerse en uno mismo es leerse en los demás.

Si me contara lo que le pasa, yo escribiría una crónica y le daría un trago de café y un cigarro o tomaríamos una cerveza sentados en una banqueta. También le ofrecería palabras, para que usted haga con ellas lo que quiera. Sé que para muchos las palabras no son necesarias. Espero que para usted sí. Las palabras se pueden cambiar por amigos, fotografías, por un abrazo, por un día soleado o un vaso con agua incluso. Yo aprendí a dar y quitarlas: soy capaz de llenar un cuenco con versos para quienes amo; y también, por puro hartazgo, puedo quitarles la palabra agua y dejarlos en silencio y con sed. Pero ahora esto no viene al caso.

Mire: Junte usted la cantidad exacta de sílabas y las podrá canjear por lo que necesite de los demás. Yo tengo aquí unas cuantas palabras que le daré cuando sepa qué hay de nuevo con usted. Porque los periódicos de hoy siguen diciendo que todo irá bien y que todo irá mal. Pero no hablan de cosas suyas.

Y no, yo no me explico entonces por qué el día amaneció con este sol excesivo sobre nuestras cabezas.


domingo, 20 de diciembre de 2009

Tan feo, tan ilustre

Como dijera Luis G. Urbina: El otro día, mientras me zampaba unas tostadas en el parque de la Piedra Lisa (¿o piedralisa?), pensaba yo en eso que todo mundo piensa sobre la recién construida Rotonda de los Colimenses Ilustres. Pensaba, digo, que cosa más fea no pudo haberse hecho, que somos un pueblo con pésimo gusto arquitectónico y que para qué carajos queremos una rotonda de ilustres colimenses, si salvo los achacosos historiadores locales ya nadie quiere ser ilustre. Mejor dicho: ya nadie es ni puede ser ilustre. Paradójicamente, los únicos emocionados por tener una rotonda son aquellos que no merecen estar en ella.

Y mientras sorbía el raspado de tamarindo y pedía a la dependienta del establecimiento otra tostada sencilla, contemplaba de reojo las columnas marmóreas que, oiga usted, cómo encandilan a los comensales. Y en una de esas se me ocurrió que, dado que somos una raza muy quejumbrosa, en lugar de rotonda se hubiera construido un muro de los lamentos.

Pero entre tostada y raspado reconvine, y me dije a mí mismo, que quién era yo para desdeñar un pretendido monumento como el que tenía frente a mi vista. Y luego me deprimí por ser tan mala leche y tener pensamientos tan poco ilustres y tan poco colimenses. Aunque, cabe decirlo, mi depresión no impidió que ordenara dos tostadas más para llevar.

Pues bien, pasa el tiempo y en uno de esos días abro el periódico y me encuentro un texto de Alejandro Morales, en el que propone tirar a marro y cincel la rotonda para instalar, ahí mismito, una pista de hielo. Alejandro Morales escribió: “Una pista de hielo nos habría salido más barata que una Rotonda de los Colimenses Ilustres, y sobre todo más atractiva, visualmente hablando, que esa marmórea plasta de cemento que ni los muertos, como está visto, quieren habitar”.

Y me pregunté entonces, como Alejandro, que para qué fraguamos tanto cemento y desperdiciamos tanto espacio de un parque, si éstos son lugares pensados para que la gente se divierta, se relaje bajo la sombra de un árbol o, como en mi caso, vaya a atragantarse con tostadas y raspados de tamarindo. Además, esa idea de los colimenses ilustres me suena a vacilada. Uno no sabe si tales personajes se ganaron el título de ilustres porque ya están muertos, o están muertos porque fueron ilustres. (¿Entre más muertos más ilustres?). Hasta ahora nadie ha sabido identificara a un colimense ilustre que todavía esté vivo.

Saludo entonces la propuesta de Alejandro Morales: hay que tirar ese adefesio. Y debe hacerse rápido, antes que nos acostumbremos a verlo como cosa corriente y se nos olvide que su fea solemnidad le estorba al parque donde se encuentra.


martes, 15 de diciembre de 2009

Podría ser vos, podría ser yo...



viernes, 11 de diciembre de 2009

Cambia lo superficial, cambia también lo profundo...

domingo, 6 de diciembre de 2009

One-hit wonder

Otra vez llegué al último. Ya todos hablaron y escribieron del diputado Nicolás Contreras y su punto de acuerdo en el que demandaba claridad a la administración de Mario Anguiano. Fue el tema político de la semana. Y leí casi todo lo que se dijo y se escribió al respecto. Desde las declaraciones de otros políticos que se treparon con descaro en la ola del diputado Nicolás, hasta los artículos y columnas que pretendían demostrar (con argumentos laxos) que el punto de acuerdo del diputado aliancista fue un chanflazo; o que el asunto Nicolás-Transparencia llevaba “una gran enseñanza” que nadie supo capitalizar políticamente. Ja.

Bueno, hubo columnistas oficialistas que hasta se atrevieron a insultar al legislador, porque a ojos vistas estaba “traicionando” al ex gobernador Silverio Cavazos y al actual gobernante, Mario Anguiano. ¿Por qué? No lo sé, pero por lo que pude entenderles en Colima todos somos unos traidores (hasta yo, que soy un orgulloso colimense nacido en Apatzingán a quien no le gusta la tuba compuesta ni las encaladillas).

En lo que respecta a las páginas de Milenio-Colima, pues casi nadie se abstuvo de opinar: Alejandro Morales, Glenda Libier Madrigal, Heidi de León, Mario Solís, Bernardo Corvera. Y los leí a todos. (Y esto lo digo con el tímido orgullo de quien se entrega al inmundo placer que da el asqueroso vicio de leer periódicos). De hecho, si en este momento me aplicaran un examen de conocimientos sobre lo que se dijo y escribió en los últimos cinco días, de seguro lo paso y sin ningún error.

No obstante, concluida la semana y una vez que se apagó el tema, me pregunto para qué diablos me sirve toda esa información que traigo en la cabeza. Tras leer columnas, notas y artículos periodísticos sobre Nicolás Contreras y el manoseado asunto de la transparencia gubernamental, me doy cuenta que no me sirven para venir a decir algo nuevo. ¿Qué más se diría de lo que mañana ya casi todos habremos olvidado?

Y ahora que llego a este punto, recuerdo que hoy ni siquiera pretendía escribir sobre este tema (desde el viernes había convenido conmigo mismos que escribiría un artículo sobre la emocionante vida interior que llevan los monumentos públicos de nuestros próceres, incluyendo el dudoso Rey Colimán, y la manera en que manifiestan sus emociones cada vez que se les rinde un homenaje; pero bueno, las estatuas de nuestros próceres pueden esperar).

Aunque no cabe duda: era inevitable escribir sobre esto, porque a lo mejor será el one-hit wonder del diputado Nicolás Contreras. Entonces, de una vez vayamos sintiendo nostalgia del arranque que tuvo nuestro legislador en la tribuna del Congreso. Y pensemos, con voz en off como lo hacía Kevin Arnold (Fred Savage) en Los Años Maravillosos que, después de todo, el profesor Nicolás merecía tener una estrellita en la frente: con su acción estaba recordándonos para qué sirve ser diputado y llevar, con orgullo desbordante, el apellido Contreras.

Videotrack para treintañeros:



lunes, 23 de noviembre de 2009

Crónica de puros rafas

Ajá: ya sabe lo que tiene que hacer:

CRÓNICA DE PUROS RAFAS
by
Rafael Mesina

domingo, 22 de noviembre de 2009

La Austeridá jajajajá

Otra vez llego tarde. El martes pasado nuestro gobernador, Mario Anguiano, anunció “nuevas” medidas de austeridad en la administración estatal: y yo, apenas, iba ir a proponerle que me diera el contrato para surtir la pastura y el forraje en el establo de los caballos oficiales.
Ni modo, otra oportunidad de oro que se me va. No obstante, me parecen acertadas las acciones que el gobernador dijo que emprenderá para hacerle frente a la crisis financiera. Pero, aunque me parezcan acertadas, no significa que esté convencido de que vayan a resultar.

A saber, Mario Anguiano apuntó que estas medidas incidirán en ciertos rubros del gasto corriente, como suministros operativos, servicio de telefonía móvil y gastos de representación de nuestros sacrificados funcionarios estatales. Con esto, asegura que el pueblo de Colima se ahorrará de 8 a 10 millones de pesos al año. ¿Y en qué aplicarán esos recursos ahorrados? Sépala. Seguramente terminarán gastándose en otros rubros iguales, o peor de absurdos que los anteriores.

Por ejemplo: una de las medidas a tomar fue que, “por lo menos en este año”, los secretarios y titulares de dependencias oficiales ya no podrán gastar en presentes navideños. Pero el gobernador será el único que pueda hacer este tipo de erogaciones. Y uno se pregunta, ¿para qué diablos gastamos dineros públicos en presentes navideños? ¿A quién, y por qué razón, nuestros funcionarios y gobernantes andan comprando regalitos de navidad? Esto tampoco lo sé. Pero, por si acaso, de una vez hago del conocimiento al señor gobernador que, este año, le pedí a Santa Clós que me trajera dos cambios de ropa y un cedé con los 20 éxitos del maestro Palito Ortega (“la felicidá jajajajá/ de sentir amor jojojojó/ hoy hace cantar jajajajá/ a mi corazón jojojojó…” etc.).

También me entero que Mario Anguiano puntualizó que los gastos de representación de los integrantes de su gabinete se ajustarán a lo estrictamente necesario. De acuerdo a esta medida, los gastos de viaje y consumo en restaurantes estarán sujetos a criterios más moderados. ¿Qué significa eso? Pues supongo que, en adelante, todos los secretarios, y el gobernador mismo, ya sólo podrán llevar a sus queridas a cenar a restaurantes de lujo una o dos veces por semana. Aunque de todas maneras seguirán utilizando dinero público para tratar de verse guapos.

Finalmente: lo que no termina de convence es el hecho de que el gobernador ni siquiera haya previsto, en su plan de austeridad, acciones en el rubro de las aviadurías. Hasta ahora no sabemos cómo y en qué se gastan el dinero nuestros respetables aviadores. Si de verdad Mario Anguiano quiere hacer creíbles sus anuncios sobre la austeridad, pues debería empezar por desmantelar la congestionada pista de aterrizaje de la que nadie habla, pero muchos conocen.

Soundtrack de este post


viernes, 20 de noviembre de 2009

Cerquita de tu alma, juntito al dolor.

domingo, 15 de noviembre de 2009

En las páginas de Milenio-Colima


En efecto: ahora sólo hay que darle click:
Los novecientos cuarenta

Domingo

E. Hopper.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Manual para escapistas



ESCAPISTAS, AC.
Tienen el honor de
Invitarle
A la presentación del
Libro:
MANUAL PARA ESCAPISTAS
ANTOLOGIA DE CUENTOS Y POEMAS DE:
Betty Rivera
Elsa González
Felix Martinez
Gary Ibarra
Jetsabeth fonseca
Josefina Junquera
Martita Gutiérrez
Rogelio Villegas
Sergio Contreras
Seth Alvarez

BAR BORAS
13 NOVIEMBRE 2009
DOM. CONOCIDO
Bulevar Miguel de la Madrid
22:00 HRS.

VIVA VINO
17 NOVIEMBRE 2009
BLV. MIGUEL DE LA MADRID 957
COL. SALHAGUA.
FRENTE A LA UNIDAD DEPORTIVA 5 DE MAYO
20:00 HRS.

VIVE LA CULTURA
MANZANILLO, COLIMA, MEXICO

sábado, 7 de noviembre de 2009

Y entonces morir después

sábado, 10 de octubre de 2009

Dengluenza y desempleo

Y aunque apenas estoy saliendo de mi convalecencia, decidí que esta semana, de algún modo, debo conseguir un empleo. Y vaya que por ganas no ha quedado: Llevo dos meses buscando trabajo, pero en los últimos quince días me tumbó en cama una rara enfermedad que está diezmando a los habitantes de nuestra colonia (nota: la enfermedad todavía no tiene nombre, pero provisionalmente la hemos llamado “dengluenza”, puesto que sus síntomas son una mezcla de dengue e influenza). Por eso llevo quince días en reposo, no porque sea un “salado güevón”, sino porque los médicos del centro de salud me prohibieron mantener cualquier contacto físico con otras personas.


Pero hace un par de días, ya más o menos recuperado de este mal (que de seguro nuestro secretario de Salud, José Salazar, desconoce su existencia, pero si acaso la llega a conocer no tendrá empacho en decir que la dengluenza es un invento para atacarlo políticamente), me decidí ir a la feria estatal de (des)empleo para ver si, de pura casualidad, encontraba un modesto trabajo de secretario de estado, de asesor de gobierno o de director de alguna desas dependencias que las administraciones estatales inventan cada seis años.


Y pues no: sólo conseguí que me recordaran los estigmas de güevón y salado que pesan sobre mí. Al parecer no logré llenar el ojo a los reclutadores que insistían en tener vacantes sólo paran quienes aspiraban a ganar 150 pesos semanales. “Ganar ese salario semanal por un trabajo no pueden ser considerada una aspiración, sino una resignación”, le objeté a un tal licenciado Chaboya. Pero Chaboya , quien a juzgar por el olor que despedía su boca seguramente padece una halitosis fulminante, me dijo de voz en cuello que las vacantes que se estaban ofertando eran para colimenses con ganas de trabajar y no para güevones salados como yo. Ahí fue donde, guardando mesura y ocultando mi ira, opté por estornudar discretamente sobre la palma de mi mano y luego saludarlo de ídem, con la leve esperanza de contagiarlo de dengluenza. Confío en que Alá y su profeta Mahoma me hayan ayudado a cumplir mi propósito.


Por mi parte, desde ese día no he dejado de de llamar a amigos y amistades para preguntarles si acaso saben de alguna vacante. “Algo sencillo, lo que sea, no importa” suelo decirles en un tono de quien ya sólo tiene un paquete de galletes saladas en la despensa. Algunos han prometido que me llamarán en cuanto se enteren de algo o que preguntarán en sus respectivas empresas si acaso está vacante la gerencia.


Francamente creo que a estas alturas será muy difícil encontrar trabajo. Y aún así insisto porque, ya lo dije antes, no me siento cómodo con el hecho de pasarme todo el día en la cama y con la televisión encendida, viendo repetidamente los capítulos de la tercera temporada de The Office. Bueno, siendo honestos sí me siento cómodo, y hasta podría disfrutarlo a perpetuidad si no fuera por los molestos accesos de tos que, debido a la dengluenza, me atacan cada vez que quiero reírme a mandíbula batiente.


Además, en casa ya estamos sufriendo los estragos de la austeridad alimenticia a la que nos hemos sometido. Y eso incluye también a la Chicuatana, nuestra fiel perra labrador, pues ya no le compramos croquetas y ahora optamos por dejarle la puerta abierta para que salga a la calle a conseguir sus propios alimentos. Pero esta mañana, nada menos, la Chicuatana nos sorprendió a mi mujer y a mí: volvió a casa trayendo entre su hocico el cadáver de una gran iguana verde. Nos conmovió el hecho de que, incluso, la fue a depositar en la cocina, al pie de la estufa. Entonces también por esto me urge conseguir empleo, porque no dudo que un día la Chicuatana regrese de la calle trayendo entre sus fauces a algún político tecomense. Y eso sí debe ser algo muy asqueroso.

lunes, 5 de octubre de 2009

Andándome yo paseando por las fronteras

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Inmoral y respetable

Esto es una telenovela, por supuesto: el sábado, un respetable periódico de circulación estatal que no tuvo nota principal, decidió publicar a ocho columnas una declaración del C. Silverio Cavazos en la que llama “inmoral” y “malosillo” al C. Héctor Sánchez (dueño de otro periódico igual de respetable que el primero). La declaración del C. Silverio la emitió, según consta en la referida nota, en un programa radiofónico en el que le preguntaros sobre “los calificativos que le hicieron”, el pasado jueves, en una columna de linchamiento que se publica en el periódico que es propiedad del C. Héctor.

A mí (como cualquiera buen colimense nacido en los Altos de Jalisco), este tipo de pleitos entre nuestro gobernante y el dueño de uno de nuestros periódicos, me hacen recordar lo orgulloso que me siento de la política y el periodismo de esta tierra, pródiga en cocos, palmeras y franquicias. Pero el asunto llama la atención porque, como todo buen colimense (nacido en los… etc.), casi puedo coincidir con lo que el C. Silverio dijo del C. Héctor; pero también puedo coincidir con lo que se escribió, en el periódico del C. Héctor, sobre el estilo de gobernar del C. Silverio.

Aunque considero más interesante esa parte del pleito en la que uno le llama “inmoral” al otro, sobre todo porque me parece que el C. Silverio, quizá exaltado por el coraje que hizo al leer lo que leyó en el periódico del C. Héctor, utilizó un calificativo inapropiado. Y es que está documentado que los términos “moral” e ”inmoral” pierden valor y fuerza en boca de un político, sobre todo si ese político usa bigotito. Por lo demás ¿cómo puede uno probar que alguien, involucrado en el periodismo, carece de moral? Se supone que el ejercicio del periodismo se aparta de cualquier postura moral, y ya ni digamos de las inmorales. Por eso, en lugar de “inmoral”, nuestro gobernante debió utilizar términos y calificativos un tanto más concretos y comprobables: el vocablo imbécil, por ejemplo, me parece que se prestaba más para la ocasión.

Si ese hubiera sido el caso, al C. Silverio podría, con ayuda de un par de siquiatras (aunque fueran de mediana capacidad) probar la imbecilidad del C. Héctor Sánchez. Bastaría con echar una ojeada a los textos que acostumbra publicar y firmar en las páginas del periódico de su propiedad (cualquiera de ellos es muestra de que su ñoñez y ramplonería lo llevan a formular razonamientos francamente obtusos).

Ahora bien: esto tampoco podría ser un consuelo para el C. Silverio, puesto que si esos mismos sicólogos escuchan o leen cualquier declaración que haya emitido en las últimos tres días (“los involucrados en la balacera no eran de Colima”), se darían cuenta que también tiene un serio problema. Y es que, según la Ley de Murphy, cuando un tonto llama tonto a otro tonto, las fuerzas se invalidan y queda sin efecto cualquier intención de insulto.

Entonces, ante esta potencial situación, conviene que tanto el C. Héctor como el C. Silverio vuelvan sobre sus respetables palabras y rectifiquen su discurso y sus insultos. Porque así no tiene ningún chiste sentirse orgulloso, como todo buen colimense nacido en los Altos de Jalisco, de esta tierra de iguanas, pericos y caracoles.

Milenio Colima. Sept. 2009.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Sopa de falsa tortuga

En Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll hace aparecer un personaje llamado “La Falsa Tortuga” y que no es otras que (¡adivinó!) una tortuga falsa. Pero para dejar en claro qué es exactamente una falsa tortuga, Carroll hace que la Reina de Corazones le explique a Alicia la naturaleza del personaje: “¿Nunca has comido sopa de tortuga? (le pregunta la Reina a Alicia sin esperar respuesta), pues hay otra sopa que parece de tortuga, pero no es de auténtica tortuga. La Falsa Tortuga sirve para hacer esta sopa”.

La particularidad de este personaje, además de que ni siquiera puede ser algo auténtico, es el hecho de que siempre se la pasa gimoteando y llorando porque ya no puede ser una tortuga de verdad. Un episodio gracioso de este personaje es cuando le cuenta a Alicia una historia sobre sus días en la escuela del mar: “Nos enseñaban a beber y a escupir, naturalmente. Y luego, las diversas materias de la aritmética: a saber, fumar, reptar, feificar y sobre todo la dimisión”, dice entre lloriqueos la Falsa Tortuga.

Pues bien, esto de la Falsa Tortuga viene a cuento porque ayer, en una infame columna de linchamientos, publicada por un diario de circulación estatal, se hace referencia a la proclividad por el lloriqueo que en últimas fechas ha hecho gala nuestro gobernador Silverio Cavazos Ceballos. Además, en ese mismo diario se burlan, con exacta impunidad y seria desfachatez, de las recientes declaraciones en las que dicen que Silverio Cavazos dijo que escribiría un “ensayo” para presentarlo al Congreso de la Unión y en el que, a modo de Og Mandino, nos dirá a todos los mexicanos cómo debe gobernarse este triste país. Desde luego, apuntan los burladores, ese ensayo estará sustentando en las acciones y prácticas de gobierno que Silverio Cavazos impulsó durante su administración (aquí el lector puede hacer una pausa en su lectura para rascarse la cabeza mientras intenta recordar cuáles fueron esas acciones de gobierno).

Ahora bien: La forma en cómo se burlan de la falsa inteligencia de nuestro gobernador saliente es como para escandalizar a cualquier cualquiera. Yo mismo, que soy el mejor de los cualquiera, me sentí ofendido con esta intención de hacer pasar a Silverio Cavazos como una gobernador auténtico. Que Silverio Cavazos sea imprudentemente chillón y que ni siquiera sepa de lo que está hablando cuando declara, por ejemplo, de la seguridad pública, no debe ser impedimento para que alguien haga bromas sobre su persona y, mucho menos, de su investidura. Yo jamás me atrevería a no hacerlas. Más todavía, me parece lamentable que deba respetarse a alguien que, por lo menos en su imaginación, hizo de Colima un estado modelo, con primeros lugares nacionales en todo (aunque luego nos quiten el reconocimiento respectivo por andar falseando datos que sí son auténticos, o que su argumento con respecto a los asesinatos y ejecuciones sea que, tanto víctimas como victimarios, no son de Colima).

Por lo demás, yo sí creo que Silverio Cavazos sea capaz de hacer un ensayo (incluso es posible que lo pueda escribir), porque sin duda alguna es un hombre que debió ir a una escuela donde le enseñaron a beber y a escupir naturalmente y que, por lo bajito, aprendió a reptar y a feificar, pero sobre todo a usar la dimisión.

Así que a ver si ya van dejando en paz a este pobre hombre, cuyo único error es creer, con fe ciega, en su autenticidad.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

La pequeñez

Mientras a nuestros secretario de Salud, José Salazar Aviña, le urge que Colima aparezca en engañosas estadísticas sobre la calidad y cobertura en los servicios estatales de salud, los casos de influenza se multiplican, el dengue sigue a galope y el gobierno federal le retira a Colima un supuesto reconocimiento que le otorgara en el 2008 por el desempeño en la ejecución de programas del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia.

Recientemente Salazar Aviña emitió una declaración para decir que “en dos meses”, Colima bajará su incidencia de dengue en las estadísticas nacionales, debido a que hay otros estados peores al nuestros: “es decir que Guerrero tiene nueve mil 567 casos y nos rebasa por mucho ya que Colima tiene cinco mil 675, es decir, está Guerrero, Veracruz, Jalisco, Michoacán y Oaxaca ya como estados con más casos de probables de dengue”, señaló el funcionario. A esto, uno podría agregar: Mal de muchos, consuelo de secretarios de Salud.

Gracias a que otros estados tienen registrados un mayor número de casos de dengue, Colima descenderá algunos peldaños en esa infame estadística. Desde luego, esta declaración refleja, notoriamente, la incompetencia de José Salazar Aviña. Recuérdese, por otro lado, que hace dos años el gobierno federal, a través de su Secretaría de Salud, aportó al estado una buena cantidad de recursos para el combate del dengue en Colima. De igual, hasta los empresarios y medios de comunicación le entraron con todo a una campaña de prevención que resultó exitosa, toda vez que disminuyeron notablemente los casos de dengue clásico y hemorrágico. Desafortunadamente ese tarea conjunta no sirvió de nada, puesto que la secretaría estatal de Salud no le dio continuidad ni supo aprovechar esa inercia para que Colima saliera del atolladero del dengue al que, año con año, regresamos indefectiblemente por no tener acciones permanentes de prevención.

Y es irónico que mientras el gobierno estatal insista en que Colima tiene uno de los mejores índices de calidad de vida, la población es asolada por una enfermedad considerada como propia de la pobreza. Desde luego, esto no quiere decir que seamos un estado de pobres en su acepción clásica, pero sí denota miseria en los esfuerzos y capacidades de quienes están al frente de la secretaría de Salud. Por el mismo frente, los casos de influenza humana se multiplican y hasta da la impresión de que Salazar Aviña y su dependencia ni siquiera sabe qué hacer o qué medidas tomar para frenar su avance.

Lo más probable es que el funcionario y su equipo apelen a la conclusión de la presente administración para heredarle a la siguiente estas “pequeñeces”. Pero, claro está, no hay ninguna solución en esto. Miserables.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Sotelera

Con la oportunidad que siempre lo ha caracterizado, el senador perredista Carlos Sotelo, acaba de anunciar, en rueda de prensa y toda la cosa, que presentará un punto de acuerdo ante el pleno del Senado para solicitar que se suspenda, “temporalmente”, la instalación de la regasificadora en Manzanillo.

El anunció es notable, entre otras cosas porque da la impresión de que Carlo Sotelo llega tarde y mal peinado para hablar de un asunto que ya no tiene vuelta de hoja. Hace poco más de un año, cuando el gobierno federal y el estatal oficializaron el arranque de las obras de la regasificadora, todos los sectores empresariales del Estado se volcaron en felicitaciones y porras al proyecto. Por esos días resaltaban desplegados en los que se dejaba asentado el beneficio económico que traería a Colima la instalación de la regasificadora. Pero ninguna autoridad, representante, funcionario, legislador o político se prenunció en contra de los daños ecológicos y sociales inminentes en esta parte del municipio. Quizás las únicas voces que se escucharon fueron las de una asociación de ecologistas y una organización de vecinos de la comunidad de Campos, quienes denunciaron atropellos e irregularidades en el proyecto.

Ahora, el senador perredista dice que el punto de acuerdo que presentará no sólo ¿propondrá? la “suspensión temporal” de la obra, sino que también buscará que el Senado ¿considere? otros puntos ya tardíos. Así, asegura que habrá de solicitar a las comisiones respectivas del Senado que, a su vez, soliciten a la CFE y a la Semarnat información sobre el daño ecológico en la región (cosas por demás inútil, porque el daño ya está hecho y es irreversible); que solicitará que se solicite a la CNDH iniciar un proceso de investigación sobre presuntas violaciones a los derechos humanos de los habitantes de la zona (¿Cuáles derechos? ¿Cuáles humanos? ¿Cuáles habitantes?) y que, además, se conforme una comisión de senadores para venir a visitar y supervisar la obra con el objeto de que tengan “mejores elementos para opinar sobre el tema” (¿Y si mejor conforman una comisión de ciudadanos que ya tienen “elementos” y saben opinar sobre el tema para que vaya a explicarle a los senadores, con peras y manzanas, las implicaciones ecológicas de la obra?).

Y, en última instancia, cabría preguntarse por qué razón el senador Sotelo solicitará que se detenga “temporalmente” la construcción de la regasificadora, cuando sabe perfectamente que no le harán caso. O sí le harán caso, pero es seguro que los demás senadores pensarán que el asunto está fuera de tiempo o que Sotelo es muy despistado y ni siquiera sabe de lo que está hablando. En tanto, es probable que los demás representantes colimenses comenten, en los pasillos del Senado, que el punto de acuerdo presentado por Sotelo es lo que por estas tierras se conoce como una nanguera.

Aunque ya entrado en materia, el senador perredista debería presentar otro punto de acuerdo para solicitar que se suspenda temporalmente el avance de las fuerzas oscuras de Sauron hacia la Tierra Media, sólo mientras los hobbits consiguen destruir el anillo. De lo contrario, todos estaremos perdidos.

Correo de Manzanillo 07 de sept. 2009

domingo, 13 de septiembre de 2009

Político con osito de peluche

Finalmente —pensaba el político al acostarse—, todo esto de gobernar y administrar recursos públicos es muy cansado. Tedioso sobre todo. No le queda tiempo a uno para pensar en otra cosa que no sea tomar decisiones sobre la vida ajena. Que si los recursos no alcanzan para tales obras, que si el banquete en honor de Fulanito, que si la gira de promoción turística. Aunque vale la pena saberse respetado y tener poder para decir sí o no cuando me dé la gana, o a quien me dé la gana, según. También es agradable la zalamería y el buen trato al que, indefectiblemente, los gobernantes estamos sujetos.

Porque —reconsideraba para sí—, a quién no le gusta que lo consientan y que nunca le lleven la contraría. Ahora bien: de todos modos la gente es muy ingrata, tan pronto termina el periodo de gobierno suelen olvidarse de uno. O, por el contrario, nos achacan cosas ruidosas: que si faltó dinero en las arcas, que hubo corrupción, que dispendios y falsedades, tráfico de influencias... En fin, todos esas menudencia que necesariamente van ligadas al poder. Caramba, si esas cosas son necesarias: se requiere caer en ellas para gobernar a nuestras anchas, sino qué chiste. Pero la gente no lo entiende. Ahí están los periodistas falsarios, por ejemplo: cuando les conviene son nuestros aliados, nuestros amigos o mascotas. Pero luego, en cuanto uno les hace mala cara o no les otorga lo que piden, se echan encima como perros en jauría, muerden la mano que les da de comer. Ah, si no los conociera yo.

Aunque —se justificaba el político acomodándose la almohada— , uno no es culpable totalmente, es la condición humana lo que nos traiciona, sí, la malditita condición humana que está por encima de los buenos preceptos y modales. Digo, si no fuera así, habría un santo en cada persona. Y es que la gente, después de todo, no nos entiende, no comprende cómo es la política y el esfuerzo que ponemos para poder gobernarlos. Son tan ingratos que, además, exigen y cuestionan sin ninguna falta de consideración sobre lo que hacemos o dejamos de hacer. Ellos qué saben. Qué pueden saber de lo que tenemos que lidiar día con día. Uno también es humano, se cansa, necesita de vicios, de secretos inconfesables, de emociones más altas, más rápidas, más caras.

El poder no es fácil. Hay muchos que tiran patadas a ciegas, alimañas que lo quieren morder, traidores que ponen zancadillas. Si se descuida uno un poquito así le anda yendo. Todo lo que se logra con tantos años de esfuerzo se va al caño, y llega otro a hacer leña del árbol caído. Así como yo lo hice y lo volvería hacer. Todo somos la misma bestia, aunque tenemos diferente cabeza. Mejor andarse con tiento. Los enemigos y detractores emergen donde menos se lo espera. Y no dudo que entre mi gente haya varios judas: ahorita me besan la mano, pero llegará el momento en que me señalen inquisitoriamente.

En fin, que igual y a lo mejor ellos no tienen la culpa de eso, es también la condición humana los que los hace ser así, tan malagradecidos y exigentes.
Sí, en verdad es la condición humana la culpable de todo: cuánto darían muchos por haber sido, en lugar de hombre o mujer, un gorrión o un árbol de flores amarillas. Pero no, esto nos tocó ser, y no modo —concluía el político en sus razonamientos al tiempo que abrazaba su osito de peluche para arrullarse.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Un secretario de Turismo

Al suprimir las secretarías de Turismo, de la Reforma Agraria y de la Función Pública, el gobierno federal estaría desmantelando una estructura burocrática que, a decir del presidente Calderón, le permitirá a su administración canalizar recursos a otros rubros, como el combate a la pobreza o la obra pública. Queda claro que las funciones prioritarias de estas dependencias serán canalizadas a otras secretarías. Así, en lo que respecta al rubro turístico, la Secretaría de Economía o Desarrollo Social le entrarán al quite. Es decir, la promoción turística seguirá realizándose, pero desde otro frente y sin gastar enormes cantidades de dinero en sueldos y gasto corriente.

Me interesa particularmente el asunto de la desaparición de la secretaría federal de Turismo, porque recientemente el secretario estatal de Turismo, Marcelino Bravo Sandoval, se lamentó de tal hecho y aprovechó también para quejarse de sus comezones: “La actividad turística en general no sobrevive sólo con el presupuesto del estado, sin la combinación del presupuesto federal no hay posibilidad de seguir trabajando, no tenemos muchas uñas para rascarnos”. Su declaración es interesante, porque el funcionario estatal, siguiendo un razonamiento un tanto estúpido, da por hecho que el gobierno federal dejará de generar apoyos y programas para el sector turístico, cuando este rubro es uno de los que más influye en la economía nacional. Por otro lado, la existencia de secretarías de Turismo en cada estado deja en claro que los gobiernos locales puede (y deben) hacer mucho por mantener y generar actividad turística, incluso buscando nuevos e imaginativos esquemas de promoción, ahora que la economía global no anda tan bien como se quisiera.

Y es que desgraciadamente nuestro país tiene vocación turística, y eso facilita las cosas para atraer incautos a nuestras playas o ruinas arqueológicas. Pero digo desgraciadamente porque opino que el turismo es una de las actividades económicas más deleznables que hay: los turistas son esa clase de gente que viaja a otros sitios a sufrir o a provocar incomodidades, y a pesar de ellos los anfitriones siempre tiene que atenderlos y sonreírles a cambio de que gasten sus centavos. En Manzanillo, por ejemplo, tan pronto llega un crucero cargado de molestos y achacosos americanos, los funcionarios turísticos corren al mulle, a las ocho de la mañana, a recibirlos con un ballet folclórico y una botella de tequila, tratándoles de vender la mala idea de que aquí todos sabemos zapatear el Tilingo-lingo y bebemos tequila y echamos huecos a la menor provocación.

Bien, pues en tanto Sergio Marcelino Bravo decía lo que dijo, el C. Sergio Sánchez Ochoa (a quien las quinielas lo ponen al frente de la secretaría de Turismo en la próxima administración estatal) abonó a las necedades del primero, diciendo que: “si lo que quieren es ahorrar dinero, entonces que recorten el gasto a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al Poder Legislativo y otras áreas improductivas; el país necesita en estos momentos la promoción de la derrama económica en un sector tan bondadoso como el turismo”. Al respecto, reconozcamos que, en efecto, las dos instituciones que menciona son iguales o peor de dispendiosas, pero insinuar que son improductivas es ya una testarudez. En esas dos instituciones se sostiene parte de la gobernabilidad de este país. Es pues una tontería su dicho, pero sobre todo porque, en algún momento de su vida, Sergio Sánchez participó en las elecciones buscando convertirse en diputado local. Es decir, en su ingenuidad de antaño no sabía que al pretender una diputación corría el peligro de entregarse furiosamente a la improductividad del poder legislativo local.

Pero bueno, a lo que voy es que, con las declaraciones emitidas por Sergio Primero y Sergio Segundo, queda demostrado que para pretender, o ser, secretario de Turismo no se necesita siquiera ser un poquito sagaz o inteligente. Cualquiera que no esté tonto o loco (o que también lo esté, qué caramba) puede dedicarse a la promoción turística.

Quizá por eso Felipe Calderón le dijo adiós a muchos funcionarios que viajaban en primera clase bajo el argumento de que iban a promover los atractivos turísticos y que, por ser atractivos precisamente, ya ni siquiera deberían promocionarse.

martes, 1 de septiembre de 2009

El octavo mandamiento

De algún modo, los políticos de este país lograron domesticar la mentira y el engaño hasta tenerlas por herramientas cotidianas en sus tareas y cargos públicos. El engaño está íntimamente ligado a la demagogia, tan socorrida en tiempos electorales. Pero la mentira tiene mayor aplicación en el campo del servicio público o en el ejercicio del poder. Un gobernador o presidente, por ejemplo, suelen mentir a la ciudadanía basándose en la máxima de que los gobernados no deben saber la verdad, o al menos no toda la verdad, si es que existe.

En los tiempos en que surgió el periodismo como una profesión, los periodistas tomaban como deber principal descubrir esa verdad que los gobernantes excluían de sus discursos. Cuando el poder políticos se dio cuenta que convenía tener un periodismo subsidiado (el periodismo oficial) que hiciera eco de sus mentiras, logró montar intrincados engaños a lo largo de extensos periodos. En México, por ejemplo, el priiato apuntaló engaños que se extendieron por generaciones. Esto, a pesar de que muchísimo tiempo atrás, la religión había condenado a los mentirosos a ser unos pecadores. Pero en un país de contradicciones, no está mal visto que un personaje público sea extremadamente religioso y mentiroso al mismo tiempo. Y la mentira pública, tan noble ella, a la larga terminó siendo uso exclusivo de quienes ostentaran el poder: ya fuera político, económico o periodístico (porque es innegable que hay un poder periodístico y, como todo poder, también está sujeto a caer o hacer uso de la corrupción y el engaño).

En la literatura, según viejas noticias, la mentira ha sido confundida con la ficción. Aún hoy, hay autores que sostienen que escribir literatura es mentir (pero usted no les crea mucho). En ese plano, la humanidad tiene hermosos libros donde las mentiras de un personaje desencadenan entrañables historias: El Pinocho de Carlo Collodi originalmente era una criatura horrible que terminaba ejecutada a causa de sus mentiras y engaños; pero las ganas de aleccionar a los niños hizo de Pinocho una obra menos terrible para mostrar las bondades del arrepentimiento. Así, el Pinocho que hoy conocemos concluye con una recompensa a la marioneta de palo, convirtiéndose en un niño de verdad cuando se arrepiente y promete enmendar sus errores. Pero, en lo particular, mi parte favorita de la historia son las aventuras que la marioneta vive gracias al buen uso de la mentira.

Por otro lado, el novelista chileno Luis Sepúlveda refiere, en “Patagonia Express” (un notable libro de memorias y viajes) que en una región de la Patagonia existe un concurso anual de mentiras. El concurso es organizado por una estación de radio y, dice Sepúlveda, las mejores mentiras son transmitidas al aire, en tanto que el ganador recibe como premio una vaquilla Holsten. Des luego, las mentiras ahí contadas son mero divertimento que, si bien pretenden escamotear la verdad de un hecho, no acarrean consecuencias negativas para nadie. En tanto, el inglés Bruce Chatwin, quien escribiera un libro titulado “En Patagonia” (uno de los libros de viajes que más he disfrutado como lector), aseguraba que en el mundo entero no hay mentirosos más grandes que los patagones. Esto, dicho en un tono amable, casi como un cumplido. La mentira de los habitantes de Patagonia no es utilizada para fines lesivos, sino para celebrar la vida y reinventar las desgracias en algo más llevadero.

Y es debido a ese tipo de mentiras por las que uno quisiera ser llamado un mentiroso. Y no se debe olvidar que un político, cuando hecha mentiras para mantenerse en el poder, no es un mentiroso, sino un perfecto hijo de la chingada. Ahí tiene usted la gran diferencia.

Milenio-Colima 30 de Agosto del 2009

jueves, 27 de agosto de 2009

Simitrio

Nuestro secretario estatal de Educación no ha de estar consiente de lo que declara. O quizá sí, pero le gusta hacerse de la vista gorda (nota para mí mismo: investigar si los oculistas locales están capacitados para hacer exámenes de la vista gorda). Recientemente, don Margarito Espinosa Mijares declaró algo sobre los exámenes de oposición que recientemente presentaron los maestros colimenses; dijo lo siguiente: “en Colima nos fue muy bien, pero creo que es un reflejo de que hace falta darle énfasis a la formación continua de los maestros tanto en servicio como a los que están en preparación, creo que debemos de reforzar ese aspecto y es un compromiso de la Secretaría de Educación analizar los resultados y trabajar en ello”.

Y observó que los maestros de Colima obtuvieron resultados por encima de la media nacional. ¿Qué cuál es la media nacional? Ignórolo, pero no ha de ser muy alentadora: en Jalisco, 8 de cada 10 maestros reprueban ese mismo examen. El dicho de nuestro maestros número uno de Colima debería ser considerado como algo confuso, pero dado que el funcionario no reveló datos reales, los ciudadanos debemos confiar en la benevolencia y potencialidades de nuestros sistema de educación. No obstante, habrá que preguntarse, nomás por contrariar, la razón de no dar a conocer los resultados de la evaluación, si es que, como asegura, “nos fue muy bien”.

Aquí también cabe levantar la mano para preguntar lo siguiente: ¿Es bueno o malo estar “por encima de la media nacional”? ¿Hay que dar brincos de alegría o maldecir nuestra suerte? Mientras nos llegan las respuestas, pensemos que el maestro Margarito debe sentirse reconfortado porque la pésima preparación y capacitación de los maestros no es privativa de nuestro estado ni de nuestro país. Mal de muchos, consuelo de etc.

Ahora bien, es un hecho que, en materia de educación, todos los mexicanos no sentimos expertos y capaces de opinar: que muy bajo el sueldo de maestros, que poco presupuesto para el rubro educativo, que el sindicato y sus líderes charros o sus lideresas feas, que los aviadores en las dependencias, que los maestros flojos, que las plazas escasas y una larga lista de etcéteras. Y quizá nos inclinamos a la crítica porque la mayoría de los mexicanos no guardamos gratos recuerdos de nuestro paso por las aulas.

Hay quienes aseguran, incluso, que el origen de todos nuestros males como país (corrupción, violencia, delincuencia, abuso de poder) está en la pésima educación que recibimos en el sistema escolar infantil. No lo dudo. Me pongo de ejemplo: si soy un irrespetuoso y maleducado acaso se lo debo a mis maestros que, entre puentes vacacionales y mítines políticos, se gastaban el calendario escolar.

Supongo que ahora las cosas son más densas: los maestros se dan el lujo de tener un partido político, olvidando su principal responsabilidad en las aulas y dejando de lado el mejoramiento del sistema educativo. En tanto, Elba Esther Gordillo, lideresa nacional del magisterio, es la personificación de las desgracias sindicales que aquejan al país. Pero el grueso de los profes, tan nobles ellos, no la reprueba ni se atreven a bajarla de su pedestal. Digo que dan ganas de ser Simitrio en épocas en las que la venerable figura del maestro parece difuminarse.

Con gusto le pondría una tache al maestro Margarito, pero me atendré a que en Colima “estamos por encima de la media nacional”.

Lo que sea que eso signifique.

A todos los bailes

Nota para mí mismo: En el remoto caso de una reencarnación, procurar convertirme en cantante de música grupera...

las medias tazas



Jo, jo, jo, jo, jo....

martes, 25 de agosto de 2009

Centavos


Quizá me juzgará ruin o desalmado, pero debo decirle con total honestidad que no soy de los que redondea sus centavos. En estos tiempos de crisis no lo hago: yo no regalo los centavos que con tanto esfuerzo gano. No consiento que alguien se atreva a tomar mis monedas de diez, veinte o cincuenta centavos como un botín. No permito que una cajera de centro comercial quiera arrebatarme, en nombre de una supuesta filantropía corporativa, los centavos que apenas si me alcanzan para comprar gallinas flacas y cebollas bofas y melones agrios.

Al principio, cuando las cajeras del supermercado preguntaban por vez primera si deseaba rodear mis centavos, acaso llegué a decir que sí par de veces. A lo mejor porque me encontraba distraído o quería salir de la tienda lo más rápido posible. Pero después de esas dos ocasiones, nunca más volví a decir que sí a esa pregunta tan absurda. Llegué a ensayar, incluso, respuestas que fueran iguales de tontas a la pregunta que me formulaban. Una vez le dije a la cajera: “hasta donde estoy enterado mis centavos siempre han sido redondos, no los redondee más por favor”. Claro, fue una manera muy estúpida de negarme. Lo admito. Pero en otra ocasión, apenas terminó la cajera de preguntarme si deseaba unirme “al redondeo”, yo la miré al rostro como quien mira una mariposa disecada y luego le dije, con total aplomo, lo siguiente: “Excuse me, I don`t speak Spanish”. Después me alejé de ahí, cantando entre dientes una canción de José Alfredo Jiménez.

Mi esposa, por su parte, dice avergonzarse cada vez que me niego a redondear nuestros centavos cuando estamos los dos juntos frente a la cajera. ¿Qué van a decir nuestras amistades si alguna vez te escuchan que no quieres redondear?, suele increparme en tono recriminatorio. A esto, siempre le respondo que no se preocupe, que de cualquier modo, somos nosotros quienes terminamos diciendo peores cosas de nuestras amistades. Pero eso no basta para que deje de preocuparse al respecto.

Cierto día que mi esposa y yo pagábamos la cuenta de la despensa, le dije a la cajera que no se me pegaba la gana regalarle al centro comercial mis centavos. Ahí fue donde entró la labor diplomática de mi esposa: se disculpó con la cajera repetidas veces por el supuesto tono tan agresivo con el que me dirigí a ella. Luego le aseguró que, en compensación por negarme a participar en la campaña del redondeo, yo le daría una buena propina al cerillito. Cosa que hice, pero nomás porque el cerillito se portó a la altura de las circunstancias y empacó los artículos que habíamos comprado en estrictos orden alfabético (ya sabe usted: los manojos de acelgas en la misa bolsa que los aguacates y el azúcar, etc.).

De cualquier forma, yo seguiré negándome a que una cajera me arrebate mis diez centavos. Porque el redondeo me parece una tácticas confusa y abusiva de las cadenas de tiendas para quitarle su dinero a la gente decente, asegurando que esas monedas irán a manos de una asociación civil dedicada, por ejemplo, a salvar iguanas tecomenses. Si una cadena de supermercados está tan interesada en valvar iguanas tecomenses, pues que done su propio dinero, no el que le quita a los consumidores y después ¿entrega? a nombre de la tienda. Por lo pronto, para evitar la pregunta necia de las cajeras, cada vez que voy al supermercado me pongo la camiseta en la que escribí, con letras muy grandes, lo siguiente: “Yo (aquí va el dibujo de una calaverita) el redondeo”.

En todo caso sigo esperando el día en que los supermercados emprendan una campaña de devolución de monedas. Ojalá me regresen esos ochenta centavos que, por tonto, llegué a regalarles en esas dos ocasiones que dije sí al redondeo. Y créame: en estos días de austeridad y problemas económicos extraño de verdad esos centavos.

Milenio Colima 23 de agosto 2009

jueves, 20 de agosto de 2009

Alegría del apostador

El domingo, antes de merecerse un trago de café, el buenosdías o la brillante indiferencia de los vecinos, el apostador procura ir a toda prisa al estanquillo del centro comercial. Le gustan mirar los periódicos: hurgar sus titulares y encontrar en ellos errores del tamaño de una pata de elefante. Le gusta preguntar al despachador el precio de los cigarros sólo por saber cuántas monedas hacen el humo de una cajetilla. Pero de todas las cosas refulgentes que hay en el estanquillo, la que más le gusta es la serie de los billetes de lotería. Le gusta mirarlas con discreción y calma si es posible y comparar sus cifras con la fecha en que ha de acabarse el mundo.

El apostador y el despachador del estanquillo debería ser hermano. Uno sabe que el otro dejó de fumar antes de encarecerse los cigarros y que, en realidad, al apostador no le importan en demasía las pisadas de un elefante. El despachador respeta que el otro se pierda, silencioso, en los billetes de lotería. Respeta que el apostador dude en comprar esta o aquella serie cuando la indecisión cintila aparatosamente en su frente. El despachador ama la discreción así como se ama un iceberg: cuando alguien le paga con minúsculas monedas, alza su voz para cantar su canto de sirenas: Que tenga usted suerte, dice con su voz a todo pecho. Y al escucharlo, parece que esa frase sólo quedaría bien en su boca: no en la boca de quienes antes del café dominical salen de casa, presurosos y somnolientos, a comprar la lotería o a apostar en el infame casino repleto de máquinas tragamonedas.

Y es evidente que muchos no tienen la suerte del despachador de billetes de lotería ni del infame dueño de un infame casino. No han visto todavía un milagro circunstancial en ellos: nadie ha llamado a gritos desde la puerta una mañana, anticipando que ese número, ese billete que ayer compraron y descansa en un rincón de la cartera, es el número del premio que el periódico anuncia con letras del tamaño de una pata de elefante.

Pero qué piadosos pasan los días y las semanas, cuando el apostador, todavía medio dulce o amargo por el café de la mañana, antes de llegar a su trabajo hace una pequeña escala en el estanquillo para mirar el resultado del sorteo. Y de pronto la esperanza le crece en la mirada, imponente como un iceberg que se desgaja. Y entonces, al comprobar otra vez que los deseos y la suerte no son la misma cosa, sabrá que se le hace tarde para llegar al escritorio, que todavía tienes papeles pendientes por sumar o por restar o por quemar.

Mientras, la fortuna, la de uno y la de todos los apostadores, flota discreta e incontenible en el billete de lotería que nadie compra y que se mece estúpidamente en el aparador del estanquillo, sobre todo cuando el despachador canta esa hermosa canción que habla sobre la suerte.

Le soltamos la rienda

Mientras la dirigente estatal del mipriismo, Itzel Ríos de la Mora, acaba de descubrir, para asombro de todo aquél que lo ignoraba, que “la política la hacen las humanos, y los humanos nos equivocamos”; el gobernador electo, Mario Anguiano anunció, haciendo uso del penoso plural mayestático, que “Vamos a dejar los zapatos de futbol y vamos a comprar las espuelas y los botines porque vamos a andar muy seguido a caballo”.

Ambas declaraciones de los compañeros mipriistas mueven (¿conmueven?) a hacer serias reflexiones en torno al lugar que ocuparán los animales en la próxima administración estatal. Si a decir de la dirigente estatal “los humanos nos equivocamos”, entonces ha de ser acertada la decisión del gobernador electo en lo que respecta a andar siempre a caballo. Será porque, como todos saben, los caballos son bestias muy nobles e inteligentes y pocas veces se equivocan. Y la montura de nuestro próximo gobernador ha de ser excepcional: llevó a Mario Anguiano hasta Talpa y, por su fuera poco tal hazaña, también lo trajo de regreso.

Sobre lo mismo, recuérdese que, en “Rebelión en la granja” de Orwell, aparece un caballo de nombre Boxer, el animal más trabajador y gobernable de todos los que hay la granja. Si la jornada de trabajo era de diez horas, Boxer se proponía trabajar catorce, para contento de Napoleón y Snowball, los cerdos gobernantes. Es decir, los caballos no sólo suelen ser más inteligentes que sus propios jinetes, sino también más trabajadores. Así, es de esperar que el futuro gobernador de Colima sea alentado a trabajar más, siguiendo el ejemplo de los caballos.

En tanto, se atisba es esa posibilidad de que, de tanto andar en su montura y aparecer en acaballo en los medios de comunicación, Mario Anguiano termine encarnando la caricatura que ya es en papel: el rancherito de juguete que el cartonista Rima dibuja siempre de manera benevolente y que, de tanto empeño en la benevolencia al momento de ser trazada, termina siendo anodina. Pero el caballo, eso sí, es el complemento perfecto para la personalidad endeble de un político que pareciera no querer estar donde ahora está: en lugar de despacho, Mario Anguiano parece estar pidiendo a gritos una caballeriza. Supongo que la próxima administración estatal se caracterizará por tener, en lugar de gabinete, un grupo de caballerangos. Lo que no está mal, siempre y cuando sepan montar bien y no se caigan del caballo en el primer relincho.

En plan serio, quiero pensar que el bucolismo que se está instalándose en lo que será el próximo gobierno estatal, por lo menos traerá mejores políticas y programas para el campo. De lo contrario, esa pose campirana de Mario Anguiano sólo puede significar que Colima tendrá como gobernador un charro demagógico. Pero, en última instancia, queda apelar al descubrimiento que hizo la dirigente mipriista: “los humanos nos equivocamos” al hacer política; pero el animal que montará el próximo gobernador no puede equivocarse. Y si dejamos que ese caballo haga un poquito de política, sin duda que terminará desbancando a Mario Anguiano. En una de esas, es posible que se inviertan los papeles y el caballo termine montando al jinete.

sábado, 15 de agosto de 2009

UN PUESTO DE TIRO / Confesión del vencido

Esta es una de las crónicas/ensayos de Armando Martínez Orozco. Sólo hay que leerlo. No digo más, porque lo necesario y lo suficiente están aquí, en estas letras jóvenes, pero firmes:
YO he estado muchas veces en mi vida en el umbral del fracaso. El traspié es mi tango y sigo firme. Poco me importa si me tumbó el rayo o el escalón. Mas vencido o victorioso he cuestionado a Dios y ni siquiera espero verle. Pecador honrado y orgulloso, de Él no habrá para mí ni Juicio Final ni Luz ni nada. Mi oro fuma su humo amarillo en otra banca. Acostumbrado estoy a las derrotas, a ser el último de la fila. Doy un paso adelante y casi anticipo las incontables caídas; doy un paso para atrás y apenas me llega un escalofrío de sal. El horror es cosa cotidiana, agua corriente, perra rabiosa. Como harían los poetas del siglo XIX, soñé los astros y las nubes en mis manos y encontré el horror, la verdad de cuchillos en mis ojos. De poco me sirvió darme cuenta, como Job, que: “Desnudo salí del vientre de mi madre, / y desnudo volveré a ella.” (Job, 1, 21). Aún así, nunca podría suicidarme. El mundo no es como yo quiero y no me importa. Eso sí, por negarme a las atrocidades intelectuales de la academia literaria, perdí. Las sombras frías sucedían a las sombras agónicas y éstas se titulaban con la tesis de licenciatura como si el planeta no mereciera personas tan esforzadas. Por mí hagan alpinismo sobre las olas. Me da igual. Yo esta ocasión dije “no”. Y, sin embargo, sonrío. Porque hasta Galileo conoció su mueca burlona en la ignominia. Al final, lo único que justifica mi felicidad es que me gusta la pesca como a Hemingway, melómano soy como Cortázar, y me debato entre morenas o güeras, altas o chaparras, coreanas o mexicanas, carnosas o flaquitas, besuconas o serias, y hallé en mis amigos un destello solidario. ¿Podría decirse que busqué la derrota? No lo sé todavía. Quizá como dice Luis Antonio de Villena: “La vida verdadera está en los márgenes.” Aquí, lejos de toda atadura académica, como lector autodidacta, encontré en mi sagrada soledad mi felicidad. Además de muchas aflicciones, la encontré. Ojalá nunca se acabara tanto gozo. Pero en febrero volveré a la escuela. Estaré de nuevo en un salón pequeño como cuarto de nosocomio, con treinta y tantas personas adentro, insoportable en el calor insoportable, con mi ausencia presente en realidad en el mar o en la calle, con ganas de amor porque sí, sólo porque la sociedad me exige ser alguien en su juego. Como si el olvido tuviera garras y fuera aún salvaje y caminara tras de uno con ansias violadoras. Un día de estos todos lloraremos la misma lágrima. Hasta entonces, sentenció Prometeo: “Quien tiene el pie libre de grillos fácil halla aconsejar y reprender al desdichado… Pero eso todo yo me lo sabía. Con plena voluntad, con voluntad íntegra erré… ¿A qué negarlo? Dando favor a los mortales, procuraba males a mí mismo. Pero nunca pensé que habría de venir a este suplicio y que habría de secarme en esta enhiesta roca, clavado en un risco solitario y triste.” (Esquilo, Prometeo encadenado, p.76).


martes, 4 de agosto de 2009

Contra el turismo y la canícula

Para mitigar el mal humor que nos causa el calor y, de paso, descargar el estrés, los colonos del rumbo estamos buscando maneras para contrarrestar las molestias del verano. Quiérase o no, vivir en una calurosa ciudad junto al mar que cada fin de semana, puente o periodo vacacional se atesta de turistas, obliga a los habitantes a buscar maneras para evitar que uno termine como Michael Douglas en “Un día de furia”: sudando como cerdo y disparando con una escopeta a todo aquél que se atreviese.

Nuestra colonia, que durante buena parte del año es ejemplo de civilidad y generosa convivencia vecinal, en el verano torna insoportable. Entre otras cosas porque, además del las altas temperaturas, los turistas invaden cada calle y vialidad del rumbo en su cotidiano peregrinar a la playa.Vivir cerca de una zona turística no es, de ningún modo, un privilegio. El turista de verano, ese individuo que viene a la playa a pasar incomodidades y, de paso, a generárselas a los habitantes del lugar donde llegan, suele ser igual o más dañino que las sufridoras olas de calor que por estos días nos aquejan.

Por eso, ante el temor de que nuestra colonia sucumba a las plagas veraniegas o que, debido a la canícula, se desate una epidemia de rabia humana (nota: la rabia humana es casi igual que la rabia canina, pero a diferencia de la segunda, quienes la contraen no saben que están enfermos hasta que un día se descubren ladrándole a las llantas de los carros), el comité vecinal decidió convocar a una junta extraordinaria para discutir sobre los agobiantes asuntos que el verano nos ha traído.

De esa reunión se desprendieron varios puntos de acuerdo que nos permitirán salir más o menos librados de las cargas de estrés y las presiones emocionales negativas del verano de nuestro descontento. Así, entre los acuerdos tomados está la de emprender una campaña para ahuyentar a los turistas y la invasión sistemática de los colonos a los centros comerciales que cuentan con aire acondicionado (no iremos a comprar nada, sólo a refrescarnos). Además se destinará, en el parque cercano, un área específica para que los vecinos acudan, por lo menos media hora al día, a sentarse bajo la sombra de un árbol a odiar al prójimo por un ratito. Lo anterior, con el objeto de irradiar la mala vibra y desquitar el mal humor ocasionado por el calor sin hacerle daño a nadie.

Siendo justo, debo otorgar mérito y decir que esta propuesta surgió al interior del grupo de la Tercera Edad de la colonia. “Déjeme odiarlo un ratito” es una iniciativa notable: Irse a una agradable zona arbolada a rumiar el odio por los demás, contribuye a aligerar esos instintos asesinos que a todos invade durante las horas del día en que la temperatura ambiental es insoportable. Por lo demás, cabe decir que esta iniciativa se ha ido enriqueciendo con propuestas creativas de otras personas. Alguien, incluso, mandó a hacer camisetas con una ingeniosa leyenda que dice así: “Sé feliz este verano: odia al turista por un ratito”.

Y ahora pienso que no haya nada más refrescante que detestar a los demás.


Milenio-Colima. 02 de agosto del 2009

miércoles, 29 de julio de 2009

El reino por una mojonera

Este lunes a mediodía, cinco ciudadanos del municipio de Cuautitlán (lugar donde abundan manganas y chirimías) fueron agredidos verbalmente y despojados impunemente de una mojonera, misma que habían erigido con piedras de sus propios terrenos. Según declaraciones de los afectados, un grupo de más o menos cincuenta habitantes del municipio colimense de Minatitlán (lugar donde abundas minas de calostro) y entre quienes se encontraban presuntas autoridades municipales y estatales, se les fueron encima a los campesinos cuautitlanenses y les arrebataron su preciada mojonera, procediendo después a destruirla a punta de patadas. “Fue espantoso, nuestra mojonera fue barrida a puntapiés por una turba rabiosa” dijo, visiblemente asuntado, uno de los campesinos agredidos.


La mojonera, una especie de montoncito de piedras colocadas una sobre otra, hasta formar una estructura piramidal de bajo pelo y que sirve para marcar puntos de referencia en un terreno, fue levantado por los cincos cuautitlanenses amparados por un acuerdo ejidal que les permite levantar mojoneras con fines ceremoniales en cualquier punto del ejido, siempre y cuando lo hagan con piedritas de su propiedad. No obstante, al pareceré los agresores alegaron que la mojonera se había levantado a cinco pasos grandotes de la línea imaginaria que separa los estados de Colima y Jalisco con lo que, según ellos, se estaba invadiendo “el territorio libre y soberano de Colima”.


Cabe señalar que el estado de Colima mantiene una pugna ancestral con Jalisco por cuestiones territoriales y, en varias ocasiones, el gobierno colimenses ha manifestado que defenderá, a toda costa, sus límites geográficos. Por su parte, el gobierno de Jalisco alega que sólo está reclamando territorios que siempre le han pertenecido.


Así, debido al asunto de la mojonera de los cinco cuautitlanenses, se revive la vieja rencilla entre Colima y Jalisco y de la cual no se vislumbra todavía ninguna solución legal. En tanto, los agredidos declararon que, al margen de los problemas entre los respectivos gobiernos estatales, ellos sólo piden que se les restituya su mojonera y se les permita transitar libremente por donde se les pegue en gana. De igual manera, se mostraron temerosos de lo que pudiera pasarles a ellos o sus familias, dado que dijeron recibir amenazas por parte de quienes conformaban la violenta turba de colimenses. “Nosotros sólo queremos que nos regresen las piedritas de nuestras mojonera, y que dejen de intimidarnos cada vez que venimos a este pueblo”, insistió otro de los afectados.


Por su parte, el gobierno del estado de Jalisco refirió que habrá de darles apoyo médica y asistencia sicológica a los cinco campesinos agredidos, toda vez que un chequeo de rutina reveló que habían sufrido afectaciones de tipo emocional y sicológico al presenciar la forma tan brutal en que fue destruida su mojonera. Y es que, según fuentes que pidieron guardar el anonimato, el grupo de medio centenar se colimenses se ensañaron con los cinco campesinos originarios de Jalisco: “no conformes con amedrentarlos, los agresores obligaron a los cinco campesinos a mirar cómo bailaban, todos juntos, el son de La Iguana en el mismo lugar donde habían levantado su mojonera”.

lunes, 27 de julio de 2009

Fauna hacendosa

Cuando el explorador y arqueólogo francés Désiré Charnay desembarcó en el puerto de Veracruz, a finales de 1857, lo primero que le llamó la atención era que cientos de buitres, quizás miles, adornaban las azoteas y cornisas de los edificios de la ciudad. Para un europeo que se empeñó en venir a México por el puro interés de levantar un registro arqueológico del llamado nuevo mundo (y que, a juzgar por la gran cantidad de ruinosas ciudades descubiertas, no era tan nuevo), aquella imagen debió parecerle delirante.

En las primeras páginas de su libro “Ciudades y ruinas americanas” Charnay escribió lo siguiente: “Lo que da a la ciudad (de Veracruz) una fisonomía tan particular, es una multitud de innumerables buitrecillos negros que obstaculizan las calles y cubren las casas y los edificios. Apenas se molestan cuando uno pasa entre ellos y, cuando las señoras depositan delante de sus puertas las inmundicias de las casas, se precipitan encarnizadamente para devorarlas. (…) Los zopilotes están encargados de la limpieza de la ciudad y son respetados; una multa bastante fuerte se inflige a quien los mate”.


Charnay no exageraba. Las parvadas de aves de rapiña constituyeron la primera Dirección de Servicios Públicos de uno de los más antiguos municipio de nuestro país. Los buitres, que después fueron considerados como fauna insalubre, serían erradicados de las ciudades para dar paso a la burocracia que habría de diseñar las acciones de gobierno, casi siempre fallidas, para mantener limpios los centros de población.



En los últimos veinte años, se dice, nuestro país avanzó en materia de manejo y control de desperdicios. Se construyeron rellenos sanitarios y se le dio mucha importancia a los sistemas de recolección citadina de basura. Algunas ciudades desarrollaron, incluso, exitosos sistemas de reciclaje. No obstante estos avances, otras tantas ciudades y municipios siguen padeciendo el problema de no saber qué hacer con la suciedad y los desperdicios generados por sus habitantes. Tampoco han sabido educar a los ciudadanos para evitar que sigan ensuciando no sólo su entorno urbano, sino también las reservas de espacios verdes con los que cuentan.


Según estimaciones, la familia mexicana generan, diariamente, de dos a cuatro kilos de basura y, si no hay un buen sistema de recolección en la ciudad, en cinco días cada casa se convertiría en una pestilente covacha. A esta amenaza se suman las reiteradas declaraciones que emiten los titulares de las dependencias encargadas de los servicios públicos, en el sentido que de los rellenos sanitarios municipales están a punto de colmarse. Pero, a saber, esos alarmantes anuncios provocan el efecto contrario al que el funcionario público pretende. Al escuchar o leer la respectiva declaración, los ciudadanos inmediatamente piensas para sí: “qué funcionario tan incompetente, si el relleno sanitario pronto dejará de servirnos, pues ya va siendo hora de que empiecen a construir uno nuevo”. Una reflexión, como se ve, completamente práctica y apegada el sentido común. Y el problema de la basura sigue estando latente.



Una vez expuesto todo lo anterior, llego al punto donde anunciaré que, motivados enormemente al participar en la Convención de Líderes del Siglo XXI y echando por delante nuestro espíritu emprendedor, uno grupo de amigos recién inauguramos nuestro propio negocio. Fauna Hacendosa S. A., es una empresa líder (que cuenta con la certificación STK8i en calidad total) cuyo giro es la venta o renta de buitres y puercos dedicados a la limpieza de desperdicios domésticos. Cada animal que ponemos a disposición de nuestra clientela está especialmente entrenado para devorar todo tipo de deshechos orgánicos que se genera en una casa. Además, dado su natural carácter tranquilo, tanto los buitres como los cerdos pueden fungir como mascotas.


Una vez que un cliente tiene en casa uno de nuestros animales, sólo debe tirar la basura o los deshechos al piso y el buitre o el puerco se comerán hasta el último desperdicio. Deje que nuestros puercos y buitres se encarguen de lo que nuestros gobernantes no pueden hacer: un mundo más limpio.
Milenio-Colima. 26 de julio 2009.

martes, 21 de julio de 2009

Pague aquí su manda

Ahora que mi compadre ganó la elección, y que ya estamos más desocupados, nos iremos a pagar la manda. Le prometí al Santo Tata Chun, patrono de los aviadores desprotegidos, que todos iríamos hasta su santuario, caminando en cuatro patas, a cantar y a bailar frente a su sepulcro. Saldremos el domingo, por la madrugada. Y, para aquellos que, por flojera o por mañosos, no quieran irse caminando, se les avisa que de todas maneras habrá cinco camiones que nos acompañarán durante todo el corrido hasta Tatachuntla. De igual, si nomás quieren ir de paseo, pues no hay ningún problema. Nada más que ahí sí les pediremos una pequeña cuota.

El viaje durará siete días; y también irá mi compadre, pero él se va ir aparte en su camioneta, porque dice que quiere irse rezando y flagelándose todo el camino. Eso sí, mi compadre dijo que todas las noches, al lugar que lleguemos a descansar, su mujer no estará esperando con una olla de pipián y otra de pozole, y que él pondrá cinco cartones de cerveza.

¿Qué por qué le prometí la manda al Santo Tata Chun?. Bueno, pues porque de pronto vimos que iba a estar muy difícil ganarle al otro partido. Hacía mucho que la gente ya ni nos pelaba. Pero mire, con ayuda de dios todo se puede. Mi compadre y yo decimos que fue un verdadero milagro que los otros perdieran. Fue una ayudadota del cielo, ni quepa duda. Por eso digo que el Santo Tata Chun es bien milagroso. Ahora, la verdad es que no hay que dejar todo en mano de un santo. Uno debe encomendarse a ellos, pero también a uno le toca hacer su parte.

Eso fue lo que les falló a los del otro partido, porque según se sabe, nomás se encomendaron a San Cosme quien, dicen, es un santo que desde hace mucho tiempo no hace milagros. Además, les faltó trabajar y convencer y regalar gorras y camisetas en las colonias. Bueno, el caso es que, además de que les falló su santo, no supieron hacer las cosas como debía.

En cambio nosotros estamos bien contentos por el favor que nos hizo el Santo Tata. Todavía no se me olvida que la maestra Pura, la esposa de don Cenefo, cayó de rodillas en éxtasis místico, cuando le entregaron la constancia de mayoría a mi compadre. Dicen que, además, la maestra Pura empezó a hablar en lenguas y que decías frases como: “Chiquitibumbumbum alacachicachiporra rarara santachún santachún vivayo”. Digan si eso no es un verdadero milagro del Santo Tata, porque la maestra ni siquiera está casada por la iglesia y vive en pecado mortal.

Yo, antes de la elección, fui y le prendí una veladora a su imagen y le dije: “nunca te he pedido nada, pero esta vez quiero que mi compadre gane la votación, si me haces el milagrito te prometo que llevaré a todos los de la colonia en cuatro patas hasta tu santuario”. Y pues lo que sea de cada quien, si el santito nos cumplió, pos también hay que cumplirle.

Así que no se les olvide, este domingo, en la madrugada nos vamos todos en cuatro patas hasta Tatachuntla. Hay que pagarle la manda, pa que nos siga socorriendo.

viernes, 17 de julio de 2009

Ahora que siento que ya estoy cansado



...Y a Espergesia toda mi nostalgia... ¡¡¡yeyépa!!!

miércoles, 15 de julio de 2009

Una propuesta muy decorosa

domingo, 12 de julio de 2009

La alegría de nuestro descontento

Correrán buenos tiempos para los paleontólogos. Los saurios se desperezan, abren la bocaza a todo lo que da para bostezar, y se levantan para avanzar y aplastar lo que hay (¡ay!) a su paso. Algunos columnistas políticos dicen, con extraña algarabía, que este dinosaurio es lo mejor que nos pudo pasar. Y ha de ser cierto, porque ya descubrimos que llevamos en los genes el síndrome de Estocolmo.

En Colima, los ciudadanos optaron (¿optamos?) por mantener en el poder político a un clan que, por su largo historial, ha echado raíces profundas, y parasitarias, en las instituciones de gobierno. Más todavía: le dieron (¡les dimos, dijo el otro!), manga ancha para hacer y deshacer lo que les venga en gana con los poderes legislativo, ejecutivo, y que por supuesto, el judicial. No consideramos esa sana práctica de buscar equilibrios en el poder que les dimos a los nangos.

A partir de unos meses, el congreso y el ejecutivo estatal estarán a disposición de unos cuantos: de esa élite que asume tener derecho a buscar sus propios beneficios por encima de los bienes de una sociedad. ¿Recuerdan? Y así, el Revolucionario Institucional se erigirá como dueño indiscutible de nuestra demarcación, incluyendo algunas conciencias que aquí habitan. Como antaño, desde luego. Esa “nueva actitud” que el tricolor vendió al electorado no borra, de un sexenio a otro, todo el lastre de corrupción y abuso. Quizá me equivoque (me gusta equivocarme), pero lo que veremos en Colima, por lo menos los siguientes tres años, será una descaro y un cinismo que ya vimos en películas superadas.

¿Y acaso vale ponerse la toga de Nostradamus para vaticinar desgracias democráticas? Desde luego que no. A este país y a sus ciudadanos ya les ha pasado todo lo que es posible pasarle a una sociedad. Desde dictaduras hasta sangrientas revoluciones, y lo que hay en medio de ellas. Actualizando el asunto no olvidemos el narco y la delincuencia, infiltrados ambos en el poder político, y que nos azotan con extorsiones, vicios, secuestros y asesinatos. Vaticinarle desgracias a los mexicanos sería como contarles chistes colorados.

Pero otros columnistas, a diferencia de los primeros, no tardarán en lanzar su trillada y patética frase de: “tenemos el gobierno que nos merecemos”; o levantarán las manos al cielo y gritarán para que todos los oigan: “¡democracia, qué te hemos hecho para merecer esto!”. Y hasta desconocerán, o pasarán por alto, que los ciudadanos hicimos lo mejor que pudimos en estas elecciones.

Entonces, antes de que empiece el dramatismo, me anticipo a felicitar a los promotores del voto en blanco. Sin duda que con esa práctica logramos muchas cosas. En principio, la bofetada que les propinamos a los partidos políticos fue demoledora: no dudo que hasta sangraron del hocico. Luego, a fuerza de cachetadas con voto blanco hicimos reflexionar a los políticos (si es que ellos saben lo que eso significa) sobre nuestro desencanto telenovelero.

Además, la candidata que impusimos, Esperanza Marchita, ganó lo que debió ganar (apoyada por el abstencionismo); aunque estoy seguro que, una vez asumido el poder, practicará el nepotismo. No tarda en llamar a sus feas y sangronas hermanas: Desesperanza, Abulia y Desidia, a ocupar algún puesto en su gabinete. Pero eso es lo de menos. Hay que celebrar la victoria de Esperanza Marchita con una mega fiesta emo: ¡Depresivos para todos, yo invito!

Milenio-Colima. 12 de julio 2009




martes, 7 de julio de 2009

Lejos de Dios

Según nuestro presidente municipal electo, Nabor Ochoa López, "fue un milagro que Martha Sosa perdiera Manzanillo". Lo que nos puede lleva a afirmar que, en efecto, los designios de dios además de inexpugnables, también son inescrutables e inimpugnables. El Iee y el Ife ya son sucursales del cielo.

Y si Dios nos hizo a su imagen y semajanza, también ha de tener un torcido sentido del humor.



(...) Insistió en varias ocasiones, de que el éxito de la contienda tiene designios divinos porque fue la voluntad de Dios, esto es gracias al Todopoderoso, no me canso de repetirlo porque logramos lo que parecía imposible, fuera un milagro, que Martha Sosa perdiera Manzanillo. “Fue posible porque Mario supo conectarse muy bien por su manera de ser, por ser humilde y un candidato de propuestas no de descalificaciones, a la gente le gustó que no cayéramos en provocaciones”, asentó. (El Correo de Manzanillo, Hoy)

domingo, 28 de junio de 2009

Porkeletes

¿Por qué motivo una buena parte del electorado no puede disociar el nombre de Silverio Cavazos Ceballos con el de Mario Anguiano? ¿Por qué algunos columnistas, atendiendo a no se sabe qué distracción, cometen el error involuntario de escribir frases como “…y el candidato del Revolucionario Institucional, Mario Ceballos expuso sus diez propuestas para…”. ¿Cómo es que de pronto Silverio y Mario pasarían por ser la misma persona, al compartir sus apellidos (Ceballos, Anguiano, Cavazos y Moreno) en los boletines oficiales que emite el gobierno estatal? Hace días, la coordinación de Comunicación Social del Estado pudo subir a la página oficial de la administración estatal un comunicado de prensa, redactado en los siguientes términos: “Por instrucciones del gobernador Silverio Cavazos Anguiano, el secretario de Administración, Luis Mario León López, dio posesión este día a tres nuevos secretarios en el gabinete estatal...”.

El error en el nombre del gobernante sería más que evidente. Mezclar los apellidos del gobernador con los del candidato priista al gobierno estatal de la manera más ordinaria. Auque la confusión pudiera ser entendible, en la medida que fue Silverio Cavazos quien designó e impuso, por así convenir al clan político que encabeza, a Mario Anguiano en la candidatura de su partido. Por cuestiones atribuidas a la condición humana (voracidad, permanencia en el poder, cretinismo, etc.), de pronto uno se llama Silverio Anguiano y el otro Mario Cavazos. ¡Una bestia con dos cabezas! alguien podría gritar, asustado. Y no. Se trata de dos criaturas distintas, pero con nombres intercambiables. En la política eso es posible. Gracias a ella, nuestro inventario de monstruos y bestias se ensancha.

En las antiguas tradiciones galesas, se cuenta la historia de una criatura fabulosa llamada “Le Porkelet”, cuya principal característica era tener hábitos nocturnos y asolar los establos para alimentarse de las entrañas de los animales domésticos. Pero la leyenda dice que en realidad “Le Porkelet” eran dos criaturas: una viajaba en hombros de la otra, de tal manera que aparentaba ser una misma bestia con estatura descomunal. Mientras una de ellas desollaba y destripaba las ovejeras o las vacas, para comerse sus entrañas, la otra criatura bajaba de los hombros y se retiraba un par de metros, sólo para contemplar cómo su otra parte se atragantaba con la masa pestilente que extraía del aparato digestivo de sus víctimas. Todavía, en nuestros días, ciertas comunidades semirurales del Este de Francia organizan una simbólica y tradicional ceremonia nocturna, en la que los granjeros ofrendan vísceras a “Le Porkelet”, arrojándolas a la espesura del bosque para evitar que la bestia llegue hasta los establos.

Todo esto que cuento de “Le Porkelet” es nada más para ilustrar que el imaginario colectivo, en cualquier parte del mundo, nos regala criaturas fabulosas. Darles un nombre es el menor de los problemas. Gracias a esta campaña política, alguien nos ha regalado la posible existencia de dos criaturas, distintas, pero complementarias. Silverio Anguiano y Mario Cavazos. Al igual que “Le Pokelet”, es posible que estos dos se desplacen juntos y realicen sus prácticas depredatorias también juntos. Pero la gran diferencia sería que, mientras uno se instala a comer cacahuates garapiñados en el piso de los auditorios públicos, el otro, sentado en cuclillas y a cierta distancia pulsa, con pasión y arrebato, las cuerdas de un ukelele. Así, entre cacahuates garapiñados y sonsonetes agudos, ambos van sembrando el disgusto y el malestar entre los ciudadanos.

Por eso, parafraseando a Armando Martínez de la Rosa, diré: Porque no quiero escuchar el sonido del ukelele cada vez que un gobernante se para frente a un micrófono mientras la impunidad se atraganta de cacahuates, por eso, yo voy a votar por Martha Sosa.

Milenio Colima. 28 de junio del 2009.

sábado, 27 de junio de 2009

Rafa Mesina

A continuación la voz del maestro Rafael Mesina, dirigiéndose a "la gente del Ecos de la Costa".


PARA RENÉ GONZÁLEZ CHÁVEZ,
DIRECTOR DEL PERIÓDICO,
DE PARTE DE RAFAEL MESINA POLANCO,
ESCRITOR Y ART. VISUAL.
27-VI-09 en Colima.

Oye, René, el “Consejo Editorial” de Altamar, el Suplemento Cultural de Editorial Ecos de la Costa (¿lo lees a veces, aunque no vengan versos de Michele?), me ha otorgado el Galardón al Eufemismo por no publicarme. Me siento orgulloso: es más que un premio estatal. Es muchísimo mejor... Lee las razones por las que me lo otorgan:

Aviso de Altamar‏
De: Altamar (ecosdealtamar@hotmail.com)
Enviado:jueves, 18 de junio de 2009 02:23:41 p.m.
Para: Rafael Mesina Polanco (aguaves@hotmail.com)

RAFA:
Por parte del Consejo Editorial de Altamar no tendríamos problemas para publicar tu texto "A ver quién dice que sí", nada más que la gente del Ecos de la Costa no quiere publicar cosas tan "fuertes". Ya nos ha pasado que nos reclaman porque la gente "bien" y de "buenos principios" habla al periódico reclamando y acusándolos de léperos y de cosas peores. Y qué hueva da eso de que le anden a uno reclamando. Si el suplemento se editara en Nueva York no habría broncas, pero Colima es como un rancho grandote, donde nunca leen el periódico, y cuando sale publicado algo así de lo que hablamos, todo el mundo anda con su argüende y escandalizado. Por eso da hueva. Para evitar reclamos y para no "herir" las "buenas conciencias", en el Consejo Editorial de Altamar decidimos desde hace tiempo no publicar textos que tengan referencias religiosas, políticas, exceso de palabrotas, referencias sexuales explícitas o ataques personales. Por experiencia preferimos no meternos en broncas. Optamos por darle un carácter más artístico-literario al suplemento. Saludos.


Alberto


René, yo no esperaba tal honor por estos versos.
Léelos: A VER QUIÉN DICE QUE SÍ

Tú, que eres de “la gente del Ecos de la Costa”, dime si te parece una cosa “fuerte”; y esto de “fuerte” relaciónalo con lo “artístico-literario” con que se quiere caracterizar al suplemento. Sabes muy bien, pues has tenido cierta experiencia literaria y eres amigo y cuate de personas que escriben literatura, que la expresión artística de a deveras no es suavecita porque cuando se quiere expresar el contexto hay que ser claro y sin adornos. Y si se expresa el contexto es porque nunca, pero nunca, nadie estamos contentos con vivir como se vive. Uno se vale de recursos literarios para hacerlo, y la variedad de estos recursos, o canales, o vías, o formas, o modos, o estilos, es tan amplia como los pedazos de cultura que nos forman.

Pero no me da pena el galardón, lo que me da pena es que el “Consejo Editorial” es un ente falto de celo, un ente güevón que desperdicia una oportunidad para educar a esa gente “bien” y de “buenos principios” en lo que deveras vale: conocernos. Mira: nada les cuesta escribir una notita antes de cada texto comentando temáticas, recursos literarios, vocabulario, asuntos y perspectivas para que esa gente “bien” no sienta ”herida” su “buena conciencia” y ya, todos salimos ganando: uno porque no siente limitado su trabajo expresivo, el “Consejo Editorial” porque asume esa función cual debe ser y la gente “esa” porque se sentirá menos pendeja que hace un rato. ¿O no?

Deberían de repensar, díles, en la oportunidad que tienen para que este “rancho grandote” se convierta en “clara aldea”, “diáfana comarca de la convivencia”, “lúcida región” con los recursos que tienen. Y eso también aplícalo para el Ecos de la Costa en general, porque me han comentado acerca de los eludimientos que la gente del periódico (¿tú incluído?) hace con temáticas que colindan mucho con las mencionadas en la parte final del 2° párrafo del ”Aviso de Altamar”, y eso es una vergüenza, vale, para ti como director del periódico y para Colima. Se entiende vergüenza necesaria si se lee supeditada a intereses incombatibles, pero, a ver, qué güey es incombatible cuando se usan las palabras, eh; si es por eso que existen esas aberraciones también así se exterminan, y más cuando tienen sometida la dignidad de los demás, dí si no...

Mucho queda por decir, con menos pasión quizás; quizás más eufemísticamente para poder llegarle al punto “G” a esas aberraciones y hacerlas cantar gozosas y al unísono. Porque eufemismo es una palabra tal que dice “verga” de modo tan suave, sutil, sugerido, dulce y elegante que todo mundo querrá tenerla en la boca. ¿Quién dice que no?

Gracias por la atención, René, a esta alharaca en un vaso de agua.
Feliz domingo.

Rafa M. P.
Tu compañero Galopante, orgulloso portador del premio honroso.

c.c.p.: mis compañeros cercanos de contexto
c.c.t.p.: Guillermo Torres, director de “El Correo de Manzanillo”.

PA QUE ESTA CULTURA NOS CURTA Y EMANCIPE


"Qué güey es incombatible
cuando se usa la palabra"

Rafa Mesina