domingo, 28 de diciembre de 2008

No semos de aquí

Si este año hubo algo notable en la administración de gobierno, indudablemente se encontrará en el rubro de seguridad. Específicamente, lo hallaremos en las declaraciones que emitiera nuestro avispado gobernador para sostener, mediocremente, que en Colima no tenemos problemas con la seguridad pública.
De algún modo, Silverio Cavazos vive una realidad paralela. Según su percepción, el año que termina fueron meses tranquilos y pacíficos para nuestra entidad. Y es que el gobernante sostiene que los secuestros, asesinatos, extorciones, desapariciones, balaceras y ejecuciones, fueron actos cometidos por “gente de otros estados”. El que se manifestaran y cometieran en territorio colimenses, fue obra de la mera casualidad. Claro, ateniéndonos a esa lógica, podemos decir que Colima seguirá siendo, ad infinitum, un estado tranquilo con gente tranquila, pero con gobernantes pusilánimes.
Veamos: Para Silverio Cavazos, el arsenal encontrado en un domicilio particular la semana pasada, fue la muestra de que, “alguien trató de generar una célula de delincuencia organizada o no organizada, no sabemos todavía, pero sí que lograron introducir armamento…”. En su inconmensurable inocencia, el gobernador sólo atina a suponer que el arsenal es indicativo, apenas, de un intento de actos delictivos. Pero no logra a entender si el intento del delito sería “organizado o no organizado”; aunque sí tiene la certeza de que se pretendía “generar una célula” (pequeñita, según su propio universo mental).
Si no estuviera consciente de que, en su afán por minimizar el asunto de la delincuencia en Colima, sus declaraciones ya se antojan torpes, es probable que lo escucharíamos decir cosas como: “alguien, que seguramente no es colimense, trató de generar una celulita aparentemente delincuente, y que pudo haber sido delincuencia organizada o no, quién sabe, pero lograron introducir armas de fabricación extranjera, pero muy poquitas”.
Vaya, pero qué necedad la mía, si me estoy dando cuenta que esa es, exactamente, la intención de la declaración que emitió al respecto. Y es muy similar a la emitida sobre el asunto de la balacera registrada, a plena luz de día, en un centro comercial. Si recordamos, en aquella ocasión Silverio Cavazos se reconfortó él mismo, subrayando que los pistoleros no eran de Colima y que, en todo caso, la balacera se efectuó en una centro comercial, mismo que debió tener un efectivo sistema de seguridad para evitar tales hechos.
Meses antes, Silverio Cavazos ya había emitido declaraciones contundentes sobre el hallazgo de dos ejecutados en las inmediaciones de una carretera local. Aquella vez dijo, mutatis mutandis, que muy seguramente las ejecuciones se habían hecho en otro Estado, y que los responsables (que indudablemente no eran colimenses), sólo habían venido a depositar los cadáveres a nuestra entidad. Eso, como sea, ha de ser un enorme consuelo. Para los ejecutados no, desde luego, sino para todos los colimenses sabedores de que vivimos en una entidad con los más altos índices de seguridad.
¿Y las desapariciones y secuestros denunciados públicamente? Ah, ese es otro asunto. Resultó que no eran diez los secuestrados, como se decía, sino solamente tres. Lo demás fueron liberados recientemente, antes del informe de gobierno. ¿Quiénes los liberaron? Todavía no se sabe, pero para el gobernador los responsables pueden ser, o no, delincuentes organizados pero, inobjetablemente, no son de Colima. Así, con esos argumentos, un día nos despertaremos con la noticia de que Colima es sucursal del paraíso.
Por lo pronto, y antes de que el gobernador Silverio emita una declaración respecto a la labor de los articulistas y periodistas (organizados o no), me adelanto a informar que yo tampoco soy de aquí. Yo vengo de otra entidad a publicar textos que no corresponden a la realidad que se vive en Colima. En efecto: yo, y quien escribe lo que dicto, no semos de aquí.
Y eso, como sea, ha de ser un consuelo (de tontos).
Milenio-Colima Dic. 2009